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24.9.14


Con la globalización de la moda, cada vez más nos hacemos familiares a los nombres de los engranajes que le conforman y abanderan: editores, diseñadores, fotógrafos, modelos, estilistas, maquilladores y hasta vitrinistas se convierten en blanco de los adeptos y no adeptos. Y, de todas las cientos de redes que existen hoy en día, es Instagram la que se posiciona como la más relevante para informarnos sobre éstos por la ventaja de su función gráfica directa e inmediata.

Sea desde su propia cuenta, o por cuentas informativas, con un simple like que demos a algunos de los ya mencionados, generamos una notificación a nuestros seguidores, que al tiempo que les compartimos nuestros gustos podemos generar curiosidad en alguno de ellos: ¿una foto de Karlie Kloss? ¿El maquillaje de Pat McGrath para Prada? o Rihanna llegando al desfile de Raf Simons para Dior. Una foto es una invitación inmediata al mundo fashion y un simple like puede pasar, en tiempo récord, a desencadenar una avalancha de información en efecto dominó para aquellos que forman parte de la red.

Así, nadie queda por fuera. Mientras el -ya desconocido- rostro de Steven Meisel siga fotografiando en Vogue Italia, su nombre y fotos de antaño junto a Madonna seguirán rotando en las redes sociales e iremos cumpliendo el propósito de la información: ser compartida y pasada generacionalmente. Like. Nombres nuevos y viejos, de inmortales e inmorales seguirán siendo recordados mientras haya un registro gráfico y estemos en total libertad de juzgarles o alabarles. Y hoy más que nunca, la sed de conocimiento en materia de moda, saberse el nombre de Meisel o de los engranajes antes mencionados es una necesidad casi inherente porque la moda está de moda.

Que la moda está de moda, sí. Que la de hoy mora en la nostalgia, también. Y que se repite, también. La moda, como la vida misma es cíclica y con ella y con cada avistamiento de tendencia, se reorganizan las piezas y traen consigo no sólo el surgimiento de talentos emergentes sino, el desempolvamiento de nombres que ya habían quedado casi que en el fondo del cajón pero jamás olvidados. Para comparar o simplemente porque se les da la oportunidad de resurgir. Como hoy es el caso del resurgido Jeremy Scott.

Repasar los archivos fashion y enterarse que Jeremy Scott no es un nombre relativamente nuevo puede resultar una novedad o sorpresa para algunos. Que luego de estudiar en Pratt se fue a Paris con una colección bajo el brazo inspirada en Orlán y que en 1997 y logra su primera colección, que no sólo fue aclamada sino un respiro fresco y de paso una bofetada -Según Vogue- a los que decían que su estilo no era vestible son sólo de los tantos logros que consiguió el diseñador antes del inicio del milenio.

El caso es que Jeremy Scott, quien para muchos resulta siendo una cara nueva en el panorama mundial de la moda, lleva diseñando casi 20 años con su estilo über-trash donde enfundaba a Devon Aoki, su amiga y musa en los 90’s e inicios de milenio’ y que, una vez en el ojo parisino, se convirtió también en el gran protegido de Karl Lagerlfed y uno de sus cientos de posibles sucesores en la codiciada casa Chanel la cuál aún protege con capa y espada el kaiser. También figuraban rumores que sostuvieron un amorío y que de ahí su colocación en el mapa pero eso no es lo que importa aquí. 

Luego de casi 6 años seguidos de éxito, fue cuestión de tiempo para que el furor del diseñador nacido en Kansas y sus estrambóticos y coloridos vestidos comenzaron a cansar a inicios del nuevo milenio, porque no se ajustaban a la demanda de una moda simplista que tomaba fuerza haciendo que Scott desapareciera del radar pero sin dejar de trabajar.
En el 2006 diseñó bolsos para Longchamp y en el 2008, se une a Adidas para diseñar una colección de ropa y zapatillas deportivas que dividiría la carrera del diseñador en dos no sólo por haber dado frutos y facturado millones de dólares al ser un éxito en ventas sino, por refrescar lo aburrida que se estaba convirtiendo la moda para las generaciones menores con sus zapatos alados sobre todo, que marcaron un precedente en el vestir y que ya pasan a la historia como icónicos. Una palabra que poco ya se usa.

El último gran logro de Jeremy Scott ha sido el ser nombrado director creativo de la casa ativo de la casa italiana Moschino, protegida por Rossella Jardini. Desde 1994 luego de que su creador, Franco Moschino falleciera y le dejara a cargo, Jardini no ha hecho si no dejar en alto la filosofía de su creador -La parodia y el esterotipo- exaltando la moda tex-mex italianizada y que vestirían sus mujeres ricachonas y chabacanas en sus diseños; convirtiendo realmente en parodia kitsch la moda seria de Chanel y mezclando el cheap and chic como premisas de forma tan creativa y llamativa que adoptó el nombre para una de las líneas de la firma.

Teniendo en cuenta la filosofía irreverente, atrevida de la casa, Scott resulta siendo la pieza perfecta para refrescar la cansada firma que ya desde hace un tiempo necesitaba un lifting.

Su primera colección para Moschino resultó siendo una completa maravilla. Luego de repasar los archivos de la casa, hizo lo más atrevido: recordar cómo Chanel demandó a Franco Moschino por burlar sus vestidos. Scott hizo honor a aquel momento al parodiar los famosos tweeds pero con una vuelca de tuerca, trastocando el consumo masivo y convirtiéndoles en casi uniformes de McDonalds. La coincidencia Chanel-Moschino-Lagerfeld-Scott se hace necesaria de traer a colación pues la ironía de hoy es que Lagerfeld mantiene buena relación con el una vez posible heredero de la firma.

La colección sigue siendo un derroche de excentricidad, con sus mujeres tex-mex que vuelven al ruedo de forma re-inventada y más italianizadas que nunca pero descafeinadas y contemporáneas que logra ajustar el kitsch de la casa -y de su persona misma- en piezas totalmente comerciales y vendibles que se mezclan con la cultura popular de forma fantástica: el uso de estampados de cereales, chocolates, la cerveza Budweiser, de Bob Sponja que no sólo recuerdan la ideología Moschino sino que respetan los cortes distintivos de su creador.

Para su segunda colección, presentada hace 7 días, Jeremy Scott se la vuelve a jugar con su ingenio y creatividad. Esta vez la temática que circundó la colección fue ‘Barbie’: la esbelta y exageradamente polifacética muñeca de plástico con casi 60 años de edad pero que se mantiene igual de bella como el primer día. El propósito de Jeremy para con la colección era simple: al igual que Barbie, él quería traer dicha a las personas. Por lo que una estampida de Barbiezonas se apoderaron de las pasarelas.
Los vestidos -casi todos rosados- se alejaban de la mujer italiana poderosa y arrabalera y en cambio se transportaba al estereotipo de chicas plásticas, hijas o esposas de millonarios que se ubican en las costas de LA, algunas de ellas texanas, indiferentes con el mundo y que sólo quieren pasarla bien.

Habían Barbies por todos lados pero con un sinsabor de que algo faltaba o que ya había sido. La colección resultó siendo un potpourrí y parodia de la parodia que es Jeremy Scott en el mundo de la moda y no sólo recordaban, en algunos pases, la colección de Chanel del 95 sino que traía reminiscencias de un Jeremy Scott en sus últimos momentos de gloria de inicios de siglo y no de aquella majestuosa colección del 97 que tituló Rich White Women. La fascinación de Scott por las mujeres opulentas aún casi 20 años aún sigue vigente.

No estoy seguro si Jeremy o la misma firma fue consciente de esto, pero el manejo al fenómeno mediático que causó la colección me hace pensar que sí. La presentación de la colección, llevada a cabo el 18 de Septiembre, parecía un concierto de rock: La horda de adeptos atiborraba la entrada del desfile, hacía casi imposible pasar a los invitados quienes, encontraban como regalos, una caja con una Barbie adentro. Clic inmediato, la foto estaba en instagram y el pequeño copo de nieve que podía ser la caja, se convertía en una gigante bola de nieve para los amantes de la firma y los que eran ajenos a ella. Luego los selfies frente al espejo con los estuches-phonecases en forma de espejos de Barbie en rosa ácido resultaron un éxito y desplazaron inmediatamente al también adorado case con forma de papitas francesas de McDonalds.

Una vez terminado el show, los hashtags #moschino o #jeremyscott fueron los más populares hasta el sábado en las redes. El poder de un like. Las actualizaciones ocurrían a cada segundo y la colección, —que no resultó siendo tan ingeniosa como la primera— en manejo de redes fue todo un éxito y ya comenzó a facturar con la salida de las prendas a la venta. Así como con Barbie hay toda una maquinaria detrás de la firma y un reajuste en la tendencias ¿Mujeres robot? ¿El reemplazo del término ‘básico’ por ‘plástico? ¿El regreso de la exagerada femineidad de la que Barbie es el arquetipo más perfecto? o simplemente la mejor estrategia de mercadotecnia llevada a cabo en mucho tiempo? Aún no sabemos pero, lo cierto es que Moschino volvió para posicionarse como una de las marcas más deseadas de estos tiempos.

10.9.14



Desde que Anthony Vaccarello lanzó su primera colección oficial en el 2012, el mundillo de la moda fijó sus ojos sobre el diseñador belga de origen italiano y su refrescante propuesta excesivamente asimétrica y altamente sexual vestida por glamazonas cuyos cortes desnudaban espaldas, torsos y no sólo coqueteaban mostrando la pierna, sino que la agresividad era tal que el corte se elevaba hasta la pélvis.

La energía de Vaccarello, la frescura, el statement/declaración de su propia revolución sexual en un mundo que parece desdibujar la sexualidad y claramente el parecido con Versace, el de antaño, el de Gianni no dejó indiferente a Donatella Versace, querubín de la mítica casa italiana quién, luego de consultar con su equipo sobre quién podría ser un buen colaborador para Versus, la línea juvenil de Versace creada en 1989, todos coincidieron con que Vaccarello sería la apuesta perfecta para la línea que en su tiempos dorados fue un éxito con sus entallados vaqueros en los cuerpos de las supermodelos que aún siguen siendo doradas.

Aún cuando Donatella tenía a Anthony entre ceja y ceja, su elección era totalmente opuesta a los antiguos colaboradores de la línea dónde se distinguen Christopher Kane o J.W.Anderson, grandes precursores de moda creada digitalmente y hasta la cantante M.I.A autodenominada terrorista digital quién se aprovechó del 'boom' de los GIFs para promocionarle digitalmente en todas las redes posibles.

Vaccarello es entonces una cuota totalmente diferente pues, la concepción de sus piezas fue bajo un estilo clásico descrito por él mismo como lo fue trabajar con Donatella: “orgánico", pero con una fuerza en la limpieza de los cortes que harían que perduren más en el tiempo y mantendría su cuota digital, la de Versus al ser conseguidas a través de la internet. Donatella explica: “Es totalmente digital. Ahora, Versus tiene que alcanzar un nuevo tipo de tribu. Está la internet y es digital en el sentido de ‘Lo veo. Lo quiero ya’. Lo nuevo de todo esto es que puedes usarlo mañana”.

La sinergia entre Donatella y Anthony ha resultado tan provechosa y deslumbrante que se puede ver reflejada en la colección primavera/verano 2015 presentada el 7 de Septiembre; totalmente en blanco y negro con toques de dorados pero recargada en estampados rococco que reafirman y recuerdan la estética griega de la cual Gianni fijó su arquetipo de mujer. La nostalgia, esta vez positiva también hace parte de esta colección: El uso de imperdibles que recuerdan el -entonces descarado- vestido de seda que Elizabeth Hurley llevó en la premier de ‘Cuatro bodas y un funeral’ también Versace y que luego usó Lady Gaga hace un par de años, hasta la infame Nomi Malone en Showgirls con su vestido dos piezas y su ‘Momentum Verseis’ o hasta los vaporosos vestidos de seda que recuerdan a una colorida Jennifer Lopez paseándose por los Grammy dejando casi nada a la imaginación y a todos con la boca abierta.

Precisamente por el manejo clásicos de los cortes, del estampado, de los módulos griegos y su actitud rockera como filosofía más que género, regresamos al Versace transgresor de hace 3 décadas donde el peso del cuero es replanteado y presentado en un estilo tan novedoso, moderno y totalmente ligero y sexy que hace imposible no considerar a Versus como la mejor colección de lo que va de la primavera/verano 2015.

Mira la colección completa aquí [Style.com]

23.1.14



Hace un año y medio, reseñé la primera colección de Raf Simons como director creativo para la parisina casa Christian Dior - "Dior y las flores" - donde se analiza a forma de paralelo, el aporte del mismísimo Christian Dior al mundo de la moda; el exquisito, opulento y siempre magistral trabajo de John Galliano y su respeto para la casa y una predicción de lo que sería el trabajo de Raf en la maison a partir de la primera colección.  

He de aceptar que el paso de Raf por la casa ha sido de altos y bajos continuos. Su intención de decodificiar al ADN de la maison con el ánimo de establecer una estética de la mujer Dior no ha sido fácil, pero tiene entre cejas que es ese su objetivo. Palabras del diseñador: 

"La mujer Chanel? Nisiquiera necesito verla. La puedo oler a la vuelta de la esquina, pero no puedo reconocer a la mujer Dior. Quiero trabajar en eso rápido. Chanel tiene el deux-pièces (dos piezas) con los bolsillos, o el prendedor, pero qué es de Dior hoy en día? No podría decirlo." -Raf Simons

Por ende, la libertad creativa que se le está dando al diseñador es evidente. Hay un trabajo no sólo profesional sino personal para con la firma que aún no termina de condensarse para dar rienda suelta a su ya sabida genialidad en el oficio. Comenzando desde el set donde fue presentada su última colección Alta Costura Primavera Verano2014: una especie de iglú que si bien, su intención era generar un espacio más íntimo, pues en su mente las mujeres crean sociedades para ellas mismas, puede llegar a confundir pues, la mancuerna mujer-ropa, era precisamente una herramienta, una declaración de la mujer ante la sociedad en la cabeza de Monsieur Dior.

Raf Simons es  un genio de la psicología. De hecho, en ella ha basado su carrera. Desde su trabajo en su homónima firma, hasta Jill Sander y esta última colección para CD que resultó en abstracciones de patrones de la firma creando piezas según él, más íntimas, femeninas y suaves traicionando su uso por líneas rectas y dándole paso a figuras más ornamentales y etéreas sobretodo en los polka dots que, sobrepuestos generaban una especie de sensación de tridimensionalidad.

La impecabilidad en el uso de los materiales y procesos fue tal vez lo más interesante, dejando una vez más en alto su sentido de innovación al procesar la seda hasta lograr tal fineza que se hacía necesario el uso de capas que revestieran la figura, generando movimiento en sus prendas y aludiendo una vez más a la sensualidad que Simons, propone al plantearse qué habría hecho Monsieur Dior si hubiera seguido con su marca unos veinte o treinta años más.

Así de sencillo se puede resumir la colección que, según Simons, surgió a partir de ese cuestionamiento de cómo Monsieur Dior hubiera tomado la revolución sexual de los 60's justificando inmediatamente que su colección más que técnica y estética, fue psicológica. De la que él es experto.

Repasar la colección no es sino generar contradicciones con el producto final. Pues, cabe recordar que se trata de una colección de alta costura, que aún con la búsqueda de Raf en innovación de materiales, su desglose del ADN de la Maison, y que haya sido aceptada por la Cámara Sindical de la Costura Parisina no resulta dejando esa sensación de ver piezas de alta costura. Con esto no es volver a los archivos de John Galliano y la nostalgia de su extravagancia. No. Es una sensación total de lo que debería ser la exhalación de una técnica y dirección creativa en piezas de alta costura. 

La colección podría pasar a primeras como una colección prêt-à-porter, que es otra de las intenciones de Simons: llevar la alta costura a las calles, a la supuesta gente real y no a que terminen colgados en un museo como piezas escultóricas. Inicialmente suena como un argumento válido. El maestro Balenciaga lo hacía, Pierre Balmain también y Karl Lagerfeld lo sigue haciendo. Sus piezas que hoy expuestas, se pasearon las calles de París y Nueva York. Pero entre ellos y Simons hay una distancia abismal que no sólo se define en una palabra sino que define lo que carece esta era: romanticismo. 

El savoir faire de los diseñadores de alta costura de antes y de ahora suele ir ligado a un romanticismo, a un amor por la firma de la que -se puede considerar- son reyes, a una necesidad de enaltecer un vestido aún en su máxima expresión de sencillez, a un amor por la mujer, a un amor por el amor mismo y por su oficio y a una necesidad de establecer lo que será el futuro de sus colecciones o el documento de la era en la que están. De forma opulenta o no, pero rica en detalles por mínimos e imperceptibles… y bella.

Siendo así, la colección de alta costura de Simons para Christian Dior no es bella. No porque no es Galliano, no porque no es extravagante, ni parece difícil de vestir. Sencillamente porque carece de romanticismo, de sentimiento, de amor. 

Si la ropa es el espejo de una era, estamos muertos. Ya no hay emoción, ni pieles erizadas, ya no hay histeria al no comprender cómo un mortal pudo crear tanta perfección en un vestido que sí merece estar colgado en un museo. Ahora, en cambio, hay silencio. 
La vacuidad en cada pase, la sensación de frialdad; el iglú que intentaba representar intimidad, no es sino el corazón de Raf Simons; es la racionalidad triunfando ante el sentimiento. Es la moda de hoy: fría.


"Cuando el amor es la norma, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta." - Carl Jung

9.5.13

"Bueno me gustaría ver, algunos punks de verdad aquí, algunos punks verdaderos de la calle. Pero dudo que hayan sido invitados." - GC

Así define Grace Coddington y se resume lo que fue la tan anticipada celebración anual conocida como "La Gala del Met", llevada a cabo en el Metropolitan Museum of Art Costume Institute, que este año tuvo como temática "Punk: Del Caos a Alta Costura" en una exhibición que busca resaltar cómo el movimiento punk, ha influenciado el pret-à-porter hasta inspirar creaciones de alta costura durante más de tres décadas trazando un eje directo, entre el punk newyorkino con el británico y su impacto en la moda, presentando el origen en dos historias distintas: mientras que en NewYork fue un movimiento musical, en Londres fue un movimiento estético y la político.

La ocasión, idónea para la gala que reune moda, cine y música y que espera que sus invitados aprovecharan las libertades que la ideología ofrece, deslumbraran por el cinismo y la desfachatez de un movimiento que exalta la libertad trasladando en prendas su individualismo, sin importar lo que Anna Wintour pensase, resultó en lo habitual: un evento tedioso dónde la temática fue lo único acorde de la velada.

Ya pasó en temas como 'SuperHéroes' (2008), 'Savage Beauty' (2011) o 'Impossible Conversations' (2012), puntuales en su temática y punto de partida para que los invitados formaran parte del festín: haciendo homenaje a Alexander McQueen (la mayoría fueron de Stella McCartney ese año), canalizando su súper héroe favorito de niño ó simplemente yendo de Prada. Las galas resultaron en decepción, no sólo para los ansiosos espectadores, sino para la crítica misma que esperaba más esfuerzo por los presentes.

Éste año, las expectativas eran altas desde que se anunció la temática en Septiembre del año pasado: PUNK. Movimiento tan diversamente definido, que termina siendo una amalgama conceptual sin terminar de definirse como puramente ideológico o estético pero, que de las dos formas, permite una actitud por el que pensase o se vistiese como el movimiento lo dicta; haciendo un poco dificil precisar si la gala ha resultado un éxito estético u otra fiesta "it'" que en un mes será olvidada.

Para determinar el éxito o fracaso, habría que analizarle desde los dós ámbitos (ideológico y estético).
Como ideológico, todos los presentes que se pasearon en la alfombra roja son punks, todos; algunos tal vez en más grado que otros, con Vivienne Westwood (diseñadora precursora del Punk británico), Carinne Roitfeld (estilista), Linda Fargo (vitrinista), Zandra Rhodes (diseñadora) y hasta Anna Wintour (Vogue USA) por sus aportes ideológicos y el trabajo individual e individualista en el sector  de la moda. Si se determina como ideología, todos los asistentes son punks porque, nadie llega a la cima y se pasea sobre la alfombra del MET sin haber tenido una actitud punk individulista, de libertad, no conformista, de rebelión, de contracorriente y de hacer lo que siempre quiso que, en este caso sería "ser famoso". Debbie Harry de Blondie expone a Kanye West como uno de los punks más grandes del mundo por el infame salto al escenario durante el discurso de Taylor Swift en los MTV, mostrando el punk como actitud. Y si es así, fue una gala acertada.

Por otro lado, si se determina el punk como estética que traduce una actitud en un código de vestimenta -que en este caso se traslada a la alfombra roja-, sólo pocos fueron disfrazados.
Pagar 3mil dólares por un vestido punk es disfrazarse, sobretodo cuando la estética ha sido un mainstream creciente desde hace dos décadas; cada vez más edulcorado, adaptado comercialmente y tal vez más relevante que en los 80's. De hecho, la gala desde un inicio se tomó como una gran fiesta de disfraces. Kristen McMenamy (modelo) se refirió al evento como la antítesis del punk, alegando que el punk es rabia y es no pretender y tildó el evento como una fiesta de disfraces para el punk. Riccardo Tisci (diseñador), en cambio, dijo que "el punk no va en el look, sino en la personalidad" contradiciendo no sólo a McMenamy sino todo el propósito de la exhibición que exalta, expone y examina más de 100 vestidos de hombre y mujer pertenecientes a una estética visual.

Está claro que hoy en día, usar estoperoles (taches) no te hace punk, ni cuero, ni medias rotas. El punk está afuera quemando banderas y siendo anti-todo. Aplaudo silenciosamente el intento de algunos de hacer honor a la estética disfrazándose de punks pero el punk de hoy es un reducto de lo que fue, hasta para los más puristas. El de hoy es falso, es una idea de punk, es de Zara, es caos. Si colocarse una chaqueta de cuero de 2mil dólares sobre un vestido de 6mil es punk, nadie puede decir lo contrario.

La pretensión no es punk, lo dijo McMenamy pero, paradójicamente, al ser tan libre que pretendas ser algo que no eres, enerves a los que sí son y no te importe un comino es muy punk porque, mientras algunos lo hablan, otros lo viven.

15.4.13



El pasado viernes tuve la oportunidad de ser uno de los 17000 asistentes que disfrutaron del Festival Estereo Picnic en Bogotá, Colombia; evento que reune a artistas de talla internacional en dos escenarios que son disfrutados como su nombre: a modo de picnic.

Mi presencia en el evento fue en colaboración con una emergente marca de ropa que busca promocionarse y posicionarse en el mercado jóven. Mi asistencia allí -además de consultor de la marca- fue el de auxiliar de técnico de mercadeo dirigido, entiéndase, vendedor, lo que me pareció una oportunidad perfecta para interactuar con el público capitalino, entender y analizar un poco su psique y persona, considerando que soy relativamente nuevo en la ciudad. Para ello, cargué con papel y lápiz y mi infaltable cámara para registrar los atuendos, tantos de los que compraban las prendas, como aquellos que llamaran mi atención.

Debo confesar que estaba un poco predispuesto con el público que asistiría. Con el hipsterismo en auge ahora en Colombia, tendencia que va desapareciendo de las revistas y blogs, sabía que la cosa no iba a ser tan sorpresiva. Y sorpresa! No estaba equivocado. Fue desde que abrieron las puertas y la horda de asistentes corrían como en maratón para asegurar sus puestos cerca de la banda/artista que se presentaría, cómo noté la pérdida de identidad colombiana. Por un microsegundo, sentí que estaba en Europa; por otro microsegundo, sentí que estaba en Estados Unidos, pero no, precisamente, estaba en Colombia donde devorar tendencias es... tendencia.

Y cómo no? Si el Festival mismo promueve esta identidad ajena: era sólo acercarse al 'Hippie Market'  (¿qué tal el nombre?) donde, pequeñas y medianas empresas emergentes promovían sus productos en carpas que simulaban ferias gringas, con decorado de luces que llevan inmediatamente a algún pueblo de Estados Unidos, donde jugar a golpear la campana con un martillo y caminar comiendo algodón de azucar es una obligación.
El público asistente al concierto -que se acercaba por curiosidad o con propósitos comerciales al HippieMarket- si pudo en algún momento sentirse como un turista, se sentó como pez en el agua, fascinado con los objetos más extraños que se vendiesen, haciendo preguntas con un acento "snob" y utilizando palabras en inglés en expresiones o hasta en prendas mismas (tshirts, caps) que retumbaban en las carpas de feria gringa pues hablaban con una lentitud que sorprendían porque no coordinaba con su avidez mental: son conocedores de las tendencias de afuera; lo saben y compraban para ser los primeros en lucirlas allí mismo en el evento.

Sorprendido ante la multitud caza-tendencias, no me importó tomar una sola foto de algún atuendo.  ¿Para qué? Si habían cientos de fotógrafos haciendo 'street-styling' (???) a los presentes que de lejos sabían que habrían cámaras documentando a los más llamativos. Los fotógrafos se emocionaban cada que veían a alguien vestido "muy bizarro, muy internacional o en su defecto, muy europeo", palabras de un fotógrafo con el que tuve la oportunidad de hablar. De hecho, debo confesar que tenía intenciones de compartir las fotos que pensaba tomar del evento pero, una vez más, ¿para qué? si en TheSartorialist la llevan mejor. Y hasta en Coachella uno se lo cree más. Aquí sólo quedaron reductos de lo que hicieron las hermanas Olsen en el 2006: parecer brujas, vestidas de negro con faldas interminables y gafas gigantes, pero a modo de falsa insurgencia.

Al final me dediqué a disfrutar de los conciertos, que son la verdadera intención del evento y ciertamente no defraudaron. No hay foto de coolhunting pero sí de los conciertos (con iphone) para que vean lo cerca que estuve y se mueran de la envidia:


(Steve Aoki, Major Lazer y Crystal Castles)



18.2.13























Marc Jacobs no ha sido nunca santo de mi devoción pero, su última entrega para su homónima firma, ha sido el rayo de luz que nunca había avistado en alguna de sus colecciones.

Primero hay que reconocer que la colección no tiene nada nuevo. Por el contrario, ha resultado siendo un potpourrí y reminisencias de previas pero con una reinvención mucho más sofisticada, prolija y conceptual. Jacobs lo sabía y lo expresó —en pijamas—, explicando que sería "ropa simple".  Y efectivamente, Marc, sabe que en los tiempos en los que vivimos no se puede arriesgar a crear colecciones osadas y aguerridas porque no se está en condiciones, ni económicas ni climáticas para su disfrute como en otrora.

Su presentación, llevada a cabo el pasado jueves, se basaba en la instalación del artista danés Olafur Eliasson, "The Weather Project" disponiendo una enorme esfera que despedía una luz amarillenta, simulando ser el sol, sobre una pasarela en forma de plataforma circular también, mientras las clonadas modelos caminaban alrededor, como entes monocromáticos.

La luz —del Sol— fue el principal protagonista de esta maravillosa puesta en escena, no sólo por afectar a los invitados quienes, sin siquiera pensarlo, no se despojaron de sus oscuros lentes durante todo el show; además de sentirse incómodos por lo feo que la luz hacía verles: desde el color de sus pieles, hasta las sombras duras proyectadas sobre sus rostros sino por apropiarse de todo el recinto magnificando su poderío y matando cualquier color que osara desafiarle, haciendo difícil el reconocimiento cromático de algún pase.

No sé si Marc, con esto, buscaba hacer una declaración que tapara un poco la simpleza de sus prendas, pero ciertamente tenía como propósito la reflexión.

En la colección de Jacobs, el Sol —que no sólo hacía de protagonista sino de antagonista— obligaba a las modelos a desprenderse de sus prendas inferiores, haciéndolas caminar en la pasarela en minishorts que simulan ropa interior. Esta vez la intención de andar sin pantalones no era de control, poder o libertad, como pasó una vez con los pantalones del Señor Yves Saint Laurent, era completa necesidad.

Pero las necesidades no sólo físicas, sino emocionales hicieron que sus mujeres, afectadas por el inclemente sol, entraran en un estado de paranoia que les hacía cargar sus bolsos con fervor y con temor a que algo les suceda que lo apretaban contra su cuerpo, contradiciendo la indiferencia absoluta en la que estaban sumidas, pues prefieren vestir todo el día en pijamas ya que el calor soporífero es tal que sólo provoca pereza; sólo provoca dormir.

La mujer de Jacobs, la fiera New Yorkina de la jungla de concreto, heredera o esposa de magnate teme, no sólo del sol, ni de la moribunda tierra, sino de su economía pues va en declive cada vez más y su recorte no sólo en sus cuentas, sino también en sus prendas es cada vez más notoria. Las clases sociales cada vez se hacen más borrosas y el sol, iluminando por igual, diluye cualquier diferenciación. Por lo que ella tiene que pensar en sus bienes y a la par de sus maridos: seria y monocromática comienza a pensar como hombre y a reflejarlo en su apariencia, que si bien es masculina, no pierde su brillo ni femineidad.

Ellas son sobrevivientes. Sombrías y poderosas. No sólo son sobrevivientes de las crisis económicas, sino de la crisis climática: aunque les toque usar vestidos sintéticos, al final del día se enfundan en animales muertos, sea en estolas o abrigos; con ojos desorbitados de peluche o reales; a ellas no les importa, mientras sean pieles reales, ni que estén en vía de extinción porque ellas saben que en tiempos de crisis, sobrevive el la más fuerte.

4.1.13


Hace unos 18 años, la palabra 'troll' se hizo popular al referirse a un juguete que, gracias a su perturbadora anatomía híbrida (cuerpo de bebé eunuco y cara de anciano que sostenía un cabello enlongado y de colores), se convirtió en un éxito de masas siendo coleccionado por niños y adolescentes —que le cargaban hasta como aretes en una supuesta declaración de rebeldía— ayudando a marcar un precedente para la naciente generación 'rave' y los 'Club Kids' pues, adoraban la figura que sólo variaba su color de cabello; y le convertían, de paso, en uno de los emblemas más importante de los 90's.

Los tiempos han cambiado y la RAE que se actualiza con cada palabra que redefine su significado, le adjudica al 'troll' como aquel personaje cibernético que se encarga de mofar, molestar y desconcertar la tranquilidad de un foro o alguna comunidad donde se interactue por internet.

Troll. Monosilábica palabra cuya definición sonaría indefensa a primeras, está causando un cambio inconsciente, lento e indirecto en el raciocinio de todos nosotros debido a que nos está regresando lo que alguna vez pareció perdido: la libertad. Sí, por muy estúpida, contradictoria e imposible que suene esta premisa, nunca antes se había visto una revolución de pensamiento o de no pensamiento —ahora cibernética (hay que tener en cuenta que nuestra realidad es, irónicamente, la virtual)— tan precipitada y directa contra cualquier órden. Y si alguna vez este blog, criticó el atrevimiento de muchos por creerse autoridades, aún no compartiendo la actitud, le aplaude al mismo tiempo.

Las 'trolleadas' que comenzaron no precisamente en internet sino que han estado presentes durante toda la historia (en el arte, los 'fauvistas' por ejemplo o hasta el mismo Marcel Duchamp) luego toman una forma más estereotipada en personajes de televisión, aquellos que solían desconcertar al resto de personajes y al público mismo con frases ridículas o vestuarios estrambóticos desde los 90's, forjando lo que sería una actitud de libertad que, aún sin la proliferación de los computadores, se reflejaba en el vestir: un reducto de los 80's más simplificado pero más colorido (el neón entró en tanto furor que se apoderó hasta de los caparazones de los computadores Mac). Y de eso se trataba en ese entonces, de presentar ese respiro de libertad e indiferencia por el qué dirán y ''ser uno mismo'': tonto y ridículo en la labia y el vestir que es basicamente lo que nos define en el mundo superficial que vivimos.

Si los 60's 70's y 80's fueron décadas de revoluciones, los 90's eran de disfrute, de celebración de logros y la entrada a una nueva era, el disparo de las series de comedia y el color, excesivo y estridente color se apoderaba de la pantalla chica, la pantalla grande, los videos musicales, las alfombras rojas y las discotecas, entre esas las ravé. Los 90s significaban exceso y puterío pero al mismo tiempo, era una década donde el miedo mismo alimentaba esta actitud desaforada. El Y2K, segunda trollada más grande en la historia, logró meterse en la cabeza de casi todos los habitantes del planeta haciendo pensar que con la llegada del nuevo milenio, el mundo iba a entrar en un desastre informático de tal magnitud, que el caos provocaría el fin del mismo. Eso o que simplemente se iba a acabar. Punto. Entonces todos bailaban y celebraban como si no hubiera mañana. Cabe resaltar que aún cuando el medio dominante era la televisión, la interactividad no existia en gran parte y el miedo era inminente, bombardeados con millares de películas sobre el fin del mundo con caidas de meteoros y supuesta visita extraterrestre. Nadie quería irse sin haberse sentido libre.

El mundo no acabó. La humanidad sobrevivió pero un atentado un años después a la entrada del milenio, septiembre, le sumió en total miedo y oscuridad. La fiesta se acabó.

18 años después y dado que estamos en la época donde las tendencias se repiten; los trolls regresan, ya no en la televisión sino en formas 'reales', nosotros usuarios de internet; los comentarios ridículos ahora son en blogs, twitter, realities y tumblr y el desconcierto es el mismo, normalmente acompañado de un gif que represente la expresión facial. Lo maravilloso de todo es que ya comenzó a desbordarse de las líneas del internet y comenzó a reflejarse en la calle, haciendo de esta, ahora tendencia, un futuro fenómeno.

Y no, no se trata sólo de moda. Son muchísimos los factores y vicisitudes de un mundo 'progresista' las que van haciendo de esta pequeña bola de nieve, una avalancha trollera. La re-elección del presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, supone la entrada a cambios culturales gigantes que alimentarán la tendencia: la aceptación de género, legalización de la marihuana y del matrimonio gay traen consigo rupturas de tabú y una osadía que si bien desenfrenada, podría ser auténtica, palabra que ha perdido valor desde hace 13 años.

Esta vez el mundo ha abierto un poco más los ojos. Las tasas de catolicismo han bajando al igual que los suscriptores de Vogue. Ya nadie traga entero ni le tapan la boca con el dedo; estamos entrando a una era donde ser troll, ha permitido ser uno mismo, sin importar la opinión ajena (algún usuario tras un nickname). Se sobrevivió a el 21.12.12, tercera gran trolleada y no hay necesidad de sentir miedo ya; más allá del que quieren infundir los medios donde el internet, ahora predomina y debido a la libertad del cibernauta de elegir lo que lee, ha ido decreciendo ese temor y la humanidad tiene ganas de volver a bailar y dejar el luto.

Es un poco contradictorio. La moda nunca había sido tan aburrida, pero al tiempo es maravilloso porque es ''la moda'' que nos han metido en la cabeza la aburrida. Ahora hay cientos, miles de diseñadores independientes con ideas frescas y aunque no revolucionarias, deslumbrantes y desconcertantes (como lo fue Gareth Pugh hace un tiempo) trabajando y moviéndose a través de las redes sociales usando el color, frases atrevidas y una onda noventera engranadas para presentar sus piezas que resultan siendo una exquisitez estética. Por eso el resurgimiento de Jeremy Scott, antiguo protegido de Karl Lagerfeld, al ojo de la moda internacional con sus propuestas descabelladas y noventeras quien viste ahora a las que serán las promesas de esta nueva década: Azealia Banks, Justin Bieber (...) y el grupo pop 2EN1. Sus desfiles que fueron una vez olvidados, vuelven a ser sensación y Style los coloca en su página principal. Por relevante en tendencia.

Los trolls dominan ahora la moda. El reinado de Vogue va en picada aunque muchos lo nieguen y afirmen que se mantiene como pilar de tendencia y árbitro de estilo. La moda, la verdadera está en las calles y sale de internet o ingresa a ella en algún blog de coolhunting. El ''qué dirán'' que obnubilaba nuestro pensamiento va desapareciendo en forma meteórica. Ya casi nadie se toma, ni intenta tomar las cosas en serio porque ¿para qué? vivimos en una era donde ser serio, tal vez ese sea el único temor ahora; parecer serios en twitter o tumblr nos daría menos seguidores, ser serios en facebook nos haría ver trascendentales y dramáticos. Son ahora los que llevan una vida ''normal'' los que pueden llegar a desconcertar mientras que la vida alternativa, se hace cada vez más ordinaria.

21.8.12



El 7 de Agosto, la muerte tocó la puerta de Anna Piaggi quién, despojada de sus extrafalarios atuendos, se encontraba en la soledad de su calurosa casa italiana. Con su partida, muchos declaran que ha muerto, en definitiva, la moda.

Si Anna Piaggi hubiera vivido en Colombia  —o en algún país de LatinoAmerica— y se paseara por sus calles, probablemente sería confundida como una anciana con demencia senil: perdida entre los edificios, mirando al cielo, vestida en harapos pintorescos que luciría con orgullo ante los condescendientes transeúntes; como si en su cabeza, su persona fuera un personaje histórico de la realeza; pensamiento que se contradeciría, con un rostro maquillado de forma tan ingenua, que sólo reflejaría la candidez de una ávida mente infantil.

A cualquier europeo le pudo haber pasado lo mismo si se la encontrase en la calle ataviada en sus enormes trapos siempre coloridos, sosteniendo su característico bastón y desconociera su persona: ''una viejita loca'' u ''otra excéntrica más'', dirían; ignorando que en realidad, Anna Piaggi sí era de la realeza, al menos en el mundo la moda y para ella misma, considerándose ''un nuevo tipo de reina'' enamorada del poder y estilo que posee la ropa —la que ella vestía para ser más precisos. No era de sangre azul, pero su característico mechón, de ése color, que solía cubrir el ojo inquisitivo y pintorreteado con el que juzgaba las colecciones de los diseñadores nos hacía pensar que sí. Su asistencia en algún desfile, se convertía en aceptación inmediata del diseñador al celoso círculo puesto que, era su presencia, la que representaba la consagración del creador. Su colaboración con la revista 'Vogue Italia' desde los 80's, donde analizaba y enseñaba los orígenes de las colecciones de cada temporada en su exclusiva 'doppie pagine' (doble página), se convertiría en un régimen imprescindible con cada edición al igual que las colaboraciones editoriales con grandes diseñadores, entre esos, Karl Lagerlfeld, su gran amigo y confidente y Manolo Blahnik con quién mantuvo una estrecha amistad y le describió como ''la única autoridad en vestido que quedaba en el mundo'' dejando claro, su poderío e influencia inherente e irrevocable en el mundo de la moda.

Muchos ignoraban esto. Muchos. Entre esos, los auto-proclamados ''fashionistas'' ignoraban todo el legado de esta irreverente mujer que una vez cortó su cabello para hacer de su cabeza, un lienzo para el sombrerero, Stephen Jones, alegando que ''los sombreros son como halos de felicidad''; accesorios que usó, hasta sus últimos días. Muchos ignoraron también que a Anna le han dedicado exhibiciones retrospectivas presentando más de 2500 prendas que tenía en su haber. Muchos lo ignoraron porque su legado, más allá de su vestir, no era muy conocido. Aunque para nadie que recorriera las páginas de una revista o las páginas de moda en internet, la graciosa cara de Piaggi resultaba extraña, pues estaba en todas los eventos y desfiles de cabecera, para muchos, resultaba siendo aquella anciana con demencia senil de rubor naranja que, gracias a su nombre y lo que hizo en otrora, mantuvo acceso a cualquier desfile que deseara asistir.

Y era muy fácil asumirlo. Junto a Diana Vreeland e Isabella Blow, no se conocía a otra mujer tan auténticamente excesiva en su totalidad como lo fue Anna Piaggi y aún cuando el adjetivo ''llamativo'' se queda corto ante ella —cuya naturaleza fue siempre ser superficial— su persona no lo parecía ser tanto. Era de hecho, todo lo contrario: se le veía sólo en eventos de renombre; ofrecía entrevistas cuando lo consideraba necesario, no se manejaba en redes sociales y parecía una detractora del fenómeno informático pues hasta su muerte, le fue fiel a su máquina de escribir Olivetti de color rojo carmesí. Alejada abismalmente del resto de editores quienes parecen inmersos en las nuevas tecnologías y hambrientos de seguidores, Piaggi era entonces, una total desconocida. Poderosa, sí, pero desconocida y olvidada por los emergentes adeptos al fenómeno fashion. Ó al menos lo fue, hasta su deceso.

Stefano Gabbana fue el primero en anunciar la muerte de la editora, vía 'Twitter' y fue entonces cuando el mundo volcó los ojos ante la magnificencia que representaba Piaggi. Las condolencias no cesaron por parte de los que la conocían y los fashionistas a la par —que de seguro poco saben de ella— lloraron entre silenciosos caracteres su partida, pero agradecían sus contribuciones al mundo; todos ignorando en realidad, la tristeza que rodeó su muerte.

Anna Piaggi murió en la soledad de su casa en Milán el 7 de Agosto, a causa de un paro cardíaco, probablemente por el excesivo calor que hacía en la ciudad (uno de los veranos más calientes de Italia) un día después de haber rechazado la invitación de su hermano, a irse de vacaciones con él y su familia por no sentirse bien. Fue encontrada por su asistente después de haber tocado insistentemente y, al no recibir respuesta, se vió en la necesidad de llamar a la policía quien forzando la cerradura, encontró a Piaggi tirada en el suelo. Al no presentar signos vitales, no hubo necesidad de llamar una ambulancia. Anna Piaggi había muerto.

Un pequeño servicio funeral fue llevado a cabo el jueves. Alrededor de 90 personas asistieron, entre ellos miembros de la familia, unos cuantos periodistas y personas que vivían cerca y le conocían. Ningún diseñador, nisiquiera italiano, estuvo presente pues eran vacaciones y todos parecían estar ocupados. Por eso nada se comenta del funeral; ni figura en internet —donde las imágenes se habrían filtrado en segundos— ni se muestra nada en los medios impresos porque, nadie que valiera la pena para plasmar en una revista, fue a darle el último adiós. Las despedidas se hicieron via twitter —que es como parece enmendarse todo hoy en día— y dejándola sola, perdida entre sus trapos y con sus ojos pintorreteados, esta vez cerrados y apuntando al cielo azul como su cabello, Anna fue ignorada como se ingoraría a una anciana con demencial senil: con una sonrisa lastimera.

13.8.12

(Jean-Paul Goude)

En el 2000, Maria Isabel Urritia se alzaba con la medalla de oro en halterofilia en las Olimpiadas de Sydney. La primera para Colombia en toda la historia, en cualquier categoría. Doce años más tarde, el oro ha sido para Mariana Pajón en la categoría de BMX.

Han sido doce largos años, treinta olimpiadas y sólo dos triunfos de oro para Colombia; una cifra que, aunque un poco desfavorecedora para un país que simula defender el deporte en actitudes prosopopéyicas, alenta a nuevas generaciones a desarrollar sus destrezas en las "llamativas" áreas culturales que van tomando fuerza en el país poco a poco.

A partir de estos logros, el futbol, por ejemplo, deporte y opio del 90% de los colombianos, con inversiones estratosféricas en jugadores y directores técnicos —cuyos resultados en la cancha provocan enterrarse de cabeza— ha logrado ser cuestionado por los hinchas que portan con orgullo las camisetas de sus equipos, al atestiguar resultados de deportistas colombianos que se destacaron en categorías como el salto triple, ciclismo, levantamiento de pesas, judo, taekwondo y lucha durante las Olimpiadas realizadas en Londres de este año. Pero, más allá de la alegría de haber conseguido 8 medallas en los antes mencionados, queda también una especie de insatisfacción por no haber conseguido más preseas doradas para el país. Y es muy normal que pase debido a diferentes factores que, al igual que en un podio, se ubican en un mismo pedestal de mayor a menor.

El dinero, se alza con el oro como principal factor de todo este disgusto, ya que los patrocinios por parte del estado no existen; obstaculizando, traslados, viáticos y sueños deportivos. Uno se haría de la vista gorda y contradeciría esto diciendo que los patrocinios existen si hay talento pero, es común ver grupos de porristas frente a un semáforo, haciendo ''maromas'' bajo el inclemente sol y mendigando dinero a los conductores, para la confección de uniformes o para poder pagarse el traslado a algún evento, en otra ciudad. Y eso es sólo un mínimo ejemplo. Durante las Olimpiadas, fue una total pena que casi todos los deportistas de Colombia, se vieran en la triste obligación de devolverse al no tener el dinero suficiente para costear su estadía hasta la clausura; apagando, no sólo el sueño de ver cómo la llama olímpica se extinguía, sino también, generando frustración, en los que esperan llegar a algún olímpico y deban repetir el infortunio. De todas formas, el dinero no puede ser la única determinante, porque una vez empiecen a surgir nuevos talentos, la presión por patrocinios aumentará y la competencia directa del pueblo va a ser el gobierno, su único contrincante.

Pero la competencia no debería ser sólo con el gobierno —a quien es muy fácil echarle el agua sucia, por toda esta tragedia de magnitud olímpica— sino entre nosotros. Sí. Precisamente, una de las principales razones por las que el estado no ejerce ningún tipo de interés económico por actividades culturales, es porque el pueblo no ha generado un espíritu que fomente las mismas. La actitud competitiva en Colombia no se promueve porque para algunos, no tiene caso si se va a seguir viviendo en la misma mierda; manteniendo un negativismo palpable, que podría ser disipado con actividades físicas así como las Olimpiadas, en sus inicios, buscaron dirmir conflictos entre naciones a través de una fiesta deportiva.
La responsabilidad de ésta falta de actitud competitiva recae en los padres y profesores escolares, quienes deben estimular las mentes de los niños desde temprana edad, inculcando valores de constancia, esfuerzo y sobretodo disciplina, si queremos más campeones. La promoción de la sana competencia, la existencia de modelos a seguir que se conviertan en héroes y records por superar, incitaría al anhelo competitivo que debe, en primera instancia, ser llevado a cabo entre el pueblo porque, si no competimos contra nosotros mismos, ¿cómo vamos a sentirnos a la par de los de afuera? Colombia necesita más records y más héroes.

Conseguirlo tomaría tiempo, pero es posible. Colombia, con sólo 202 años como nación independiente, es un país relativamente nuevo, con una cultura que centra sus bases precisamente en la ausencia de la misma: son pocas las personas que se interesan por éste tipo de actividades deportivas o de cualquier índole, porque vivimos en una mezcolanza cultural plagada de influencias ajenas desde que nos colonizaron —e irónicamente, se llevaron nuestro oro escondiéndole en excusas religiosas—. Entonces somos muchas cosas y al tiempo nada, haciendo dificil estar a la par del resto de paises no sólo en deporte; faltan más medallas de oro en salud, tecnología, arte, moda, política etc. si queremos competir con los de afuera, porque mientras que Colombia cree que hacer ''bulla sociopolítica'' por Facebook, es fomentar a una revolución cultural, ellos han pasado por las suyas desde hace cientos de años; porque mientras que en Colombia se suele decidir a qué dedicarse a los 16 años o es, a esa edad, que apenas estamos moldeando nuestro identidad, los de afuera lo tienen claro desde los 6 años y comienzan a trabajar en ello, cargando consigo un bagaje mucho más extenso y mucho más competitivo que el nuestro.

Eso sí, cuando un fenómeno genera en el país un boom mediático y se convierte en ''furor'' —sobretodo cuando se trata de algo parcialmente desconocido— los colombianos intentan sacarle el jugo al máximo y empiezan a entrenar a los futuros campeones. Las inscripciones para el BMX, por ejemplo, ya presentan un incremento. Los padres quieren más Marianas para Colombia. Y, aunque es una actitud tierna, suele ser momentánea para algunos, por los factores antes mencionados: costearlo por años, conseguir contendientes dignos, mantener la disciplina y no hacerlo por ser la ''fiebre'' del momento, porque hay que ser honestos si se quiere cambiar: aunque Colombia aplauda las 8 medallas de los 8 revolucionarios culturales, es un país que devora tendencias a gran velocidad y tristemente las olvida en tiempo record.

23.7.12


Todos sabiamos que Amy Winehouse se iba a morir, todos; sus representantes, sus padres, sus fans; hasta ella misma lo sabía y apostabamos la fecha en que pasaría, sin pensar siquiera que cuando ocurriera, nos tomaría por sorpresa.

Hace exactamente un año ocurrió lo imaginable: Amy Winehouse muere y logra detener el mundo, al tiempo que las redes sociales y páginas de internet colapsaban relatando el suceso. Ese día nadie sabía exactamente cuales eran las causas de su muerte pero no importaba, estaba muerta y el mundo clamaba una respuesta; una supuesta sobredosis de alcohol, de drogas y hasta una auto-asfixia eran de las tantas afirmaciones lanzadas por los medios, que en vez de horrorizar y seguir destruyendo su imagen, por el contrario, contribuían y le ayudaron a mitificarle.

Aquel sábado 23 de Julio, el mundo no sólo lloraba física y textualmente la gran pérdida musical sino -muy egoistamente- lloraba el suponer que no habría un futuro álbum que calmara la sed que dejó con Back to Black.

Ese álbum, su gran obra maestra, supuso un cambio social desde la parte musical. Desde Eric Clapton, no había aparecido algún otro cantante que cantara sobre drogas, alcohol y excesos de una forma tan abierta y cínica: el álbum abre con aquella canción, donde una repetida negación a rehabilitarse, la hizo famosa mundialmente y termina con una donde defiende su marihuana y se pavonea en decir que es mejor y más adictiva que cualquier verga que haya probado. La crítica evidentemente le aclama y critica en partes iguales y los cantantes emergentes intentaron imitar su estilo lírico, trayendo consigo, una leve aceptación a las drogas por parte de las nuevas generaciones, que se escudaban en la sátira de la canción para mostrar el consumo de drogas, como una actividad 'cool' y de la que los cantantes se enorgullecían tanto que alardeaban en sus canciones.

Sus fans y no fans no podíamos no sentirnos identificados con alguna de sus canciones porque Amy, a diferencia del resto de cantantes, llevó la cotidianidad y la pureza de un corazón sensible a notas musicales. Sus letras no eran pretenciosas, por el contrario, eran tan sinceras que hasta rayaban con lo simple, pero una simpleza que casi parecía poesía. Amy decodificó lo que muchos sentimos en nuestro interior, logró darle vida a la vida y a la muerte.

La sinceridad y crudeza en sus letras totalmente contemporáneas, junto a sus sonidos de influencia soul, jazz y R&B que si bien no eran totalmente innovadores, pero que refrescaban el panorama donde el auto-tune iba cogiendo fuerzas, sumándole también el hecho de que fuera una mujer británica la que se jactara de sus banalidades al tiempo que se auto-flagelaba en sus canciones le dieron toda la notoriedad que no buscaba. Según sus padres "ella no quería ser famosa, ella sólo quería hacer música" pero, es imposible pasar desapercibida cuando se posa sobre una alfombra roja con un enorme peinado, ojos vestidos en eyeliner, un cuerpo debilucho que saludaba agitando sus brazos tatuados y su sonrisa que dejaba ver los dientes que no se le habían caido.

Sobre el escenario era un personaje que cautivaba apenas se paraba a cantarle al amor y al desasosiego con su inquietante y casi irritante voz; fuera de él, era una chica con problemas que cautivaba con su tragedia y que prefirió hundirse en el alcohol pues entre más borracha, más genial su calidad intepretativa y creativa.

Afortunadamente, en los últimos momentos de su vida hace un punto de inflexión, decidiendo desaparecer de los escenarios por un tiempo y dedicarse a su proceso de rehabilitación. Eso fue un alivio para los muchos que esperaban un Back To Black 2 pues, si Back To Black, que gira en torno a su relación destructiva con Blake Fielder-Civil, su gran amor; este supondría ser un álbum todavía más desgarrador, romántico y exitoso puesto que Blake ya no formaba parte de su vida y ella se sentía desolada.

Desafortunadamente, Amy muere en la cama de su apartamento a causa del Síndrome de Abstinencia que generó en su proceso de desintoxicación y es maravilloso, porque a pesar de que indirectamente los excesos la mataron, fue la ausencia de los mismos su frío verdugo. No se sabe la hora exacta, ni si intentó luchar contra la muerte quien terminó venciendo; sus familiares y amigos se arrepienten de no haber estado en ese momento con ella, para ayudarle, así como los millones de fans que pensamos utópicamente en que si hubiera sido nuestra amiga, le hubieramos ayudado a salir de las drogas; como si fuera tan sencillo. Muy bien lo decía ella  "I can't help you, if you won't help yourself" (No puedo ayudarte, si no te ayudas a ti mismo). Y por no dejarse ayudar, la vimos balbucear canciones, intentar recordarlas, tropezar por sus borracheras y dejar conciertos a medias.

Pero a Amy no se le podía ayudar y mucho menos juzgar. Más allá de sus acciones, es tal vez la única verdadera artista de nuestros tiempos. Era la única que expresaba con honestidad y autenticidad sus pensamientos y sentimientos en sus canciones, y lo exteriorizaba, no sólo en el vestir, sino en su físico demacrado. Amy fue la prueba fehaciente de cómo el amor puede destruir una mente frágil y romántica. Ella, como a un verdadero artista, no le importaba la repercusión de su trabajo, porque ella sólo quería cantar. Nadie esperaba que viviera muchos años, porque los artistas como ellas están destinados a vivir poco sobretodo, cuando nos venía repitiendo todo el tiempo, que "ella no era buena" y ciertamente no lo era, era un genio.

5.7.12



Raf Simons sabía, mucho antes de aceptar el puesto como director creativo en Christian Dior, que su presencia en la casa parisina, debía polarizarse completamente del legado que John Galliano dejó en la mente de todos los que vimos el renacer, de la casa más importante de todos los tiempos.

El lunes, 3 de Julio fue el tan esperado debut y como es de suponer, no defraudó; al menos no a los invitados ni a la prensa especializada que ya ve ésta colección de alta costura para Otoño del 2012, como un éxito comercial y como un alivio al traspié mediático que ocasionó Bill Gaytten durante 3 temporadas. Pero, ¿qué pasa con los que no estuvimos allí y no estamos especializados y somos un poco más románticos y fanáticos del trabajo de John Galliano?

Es absurdamente dificil mantener una posición objetiva cuando se mira con nostalgia el trabajo previo de Galliano y se compara con la frialdad y ferocidad de Simons para con la casa, pero hay que reconocer que es una colección digna de la maison francesa y cumple con todos los requisitos de confección, buen hacer y altivez que distinguían el trabajo del hombre que definió el 'new look', Monsieur Dior tal vez de forma más exacta que el trabajo de John.  Aún así, hay elementos que van totalmente en contra de la ideología del fundador, logrado desconcertar a varios; entre esos, yo.

Christian Dior era un romántico empedernido y un amante incurable de la figura femenina. En su cabeza, su mujer era una sobreviviente de la guerra y una olvidadiza instantánea: pasada la catástrofe se aplicaba su labial y apretaba su cintura en un corsé, paradójicamente, su símbolo de libertad. Su necesidad natural era la de elevar a la mujer al arquetipo de diosa terrenal al enfundarle en sus maravillosas creaciones; defendía el turquesa pálido y el rosa como emblemas de femeneidad y con sus creaciones les quería acercar semánticamente con el regalo más hermoso de la naturaleza: las flores, su principal inspiración después de las curvas de una dama.

Transcribir esa pasión y ese amor por todos esos detalles delicados sólo podía funcionar con una mente escencialmente similar y John Galliano, su sucesor más brillante y recordado, entendía completamente la mente du Monsieur Dior y temporada tras temporada traducía los códigos con brillantez y con esa efervecencia que le caracterizó durante su estancia. Su investigación y su inmersión en la cabeza del fundador le llevó a crear colecciones basadas en los viajes que hizo a los lugares más exóticos del mundo, en la revoluciónes, en personajes históricos, en su jardín en Normandía y hasta en el jardín trasero de su casa de niño. El proceso creativo de John Galliano fue 100% integral basado indirectamente en la teoría del 'Método' y sus colecciones de alta costura no tendrán nunca comparación pues eran espectáculos que sublimaban a la mujer como nunca nadie lo ha hecho.

Raf Simons, en cambio, tiene un concepto de diseño totalmente distante al de Galliano y su comportamiento para con la casa ha sido mucho más reticente; claro, sólo ha tenido tres meses para preparar su colección pero se logró atestiguar inmediatamente la frialdad no sólo en el corte sino en el proceso creativo al ser más objetivo y su propuesta comercial al ser más efectiva para estos tiempos.

La mujer de Raf se acopla a la mujer déspota y feróz de hoy. De 54 pases, 11 son completamente negros, 18 si se cuentan los pantalones, piezas que de hecho, nunca habían sido presentadas en una colección de alta costura de la maison. La costumbre de tener vestidos opulentos e interminables se vió reducido a mini-vestidos que terminaban a la cintura; al igual que los maquillajes y peinados excesivos, como era de esperar por parte de Simons, resultaron muy sobrios. Todo fue austero, aún cuando un millón de flores forraban las paredes de la mansión dónde fue presentada la colección; flores que aunque refrescaban y romantizaban el escenario, eran ignoradas por las robóticas modelos que una vez se detenían a olerlas.

Simons cuenta que su efoque para con la casa es mezclar la historia con el futuro, readaptar no sólo la silueta sino la actitud y rediseñar la psicología haciéndole más acorde a los tiempos modernos. Su propuesta pretende ser menos teatral y más terrenal; su alta costura busca ser tocada en vez de ser idealizada como objeto voyeur y lo ha logrado. La mujer Dior de Raf Simons ha pasado de diosa terrenal a ser una fría mortal que camina entre flores pero que ignora la belleza las mismas.

De todas formas, no hay que perder las esperanzas ni hacer conclusiones apresuradas; esta es la primera colección de Simons y tal vez nos sorprendenda con las futuras; quizás sus damas se irán feminizando con el paso del tiempo y entenderá la fascinación de Monsieur Dior por las flores y su comparación verosímil con la mujer porque, hasta el momento, en la mente de Raf, no hay necesidad de parecerse a una flor en vida puesto que es realmente cuando mueres, que tu cuerpo se convierte en muchas.

8.6.12


Me encanta la Coca-Cola, ¿a quién no? Seguro serán pocos los renuentes a ella con razones que siempre serán refutables, pero la democracia dicta que la mayoría siempre gana, entonces la Coca-Cola gana. Yo al menos vengo adorando aquella marca de la que ni siquiera recuerdo mi primer acercamiento, pero que forma parte de mi, como si siempre hubiera estado allí desde que nací.

Estoy seguro que no soy el único al que le sucede lo mismo y no importa, porque a pesar de su frivolidad y que no tiene ninguna filosofía de vida, su nombre, más todo lo que le envuelve, han logrado 'colarse' en las nuestras, convirtiéndose en un estilo, en una necesidad física y en una de las imágenes posicionadas en nuestro 'top of mind', le compremos o no. A mi me entran ganas de Coca-Cola cuando quiero refrescarme, porque es lo primero que pienso que logrará saciarme, no importa si hace frio o calor; si es de día o de noche; las ansias aparecen y hay que satisfaccerlas como si se tratase de una droga -siendo una, inconscientemente.

Al darme cuenta que claramente tenía un problema, un día me detuve a cuestionar y analizar aquella necesidad física y el poder que tiene sobre nosotros, sus consumidores, al entrar en nuestras cabezas y convertir su producto en el primero de la lista, eliminando o nublando cualquier tipo de competencia.

Fisicamente, todos sabemos que Coca-Cola es lider en su campo, tanto con su línea principal como con sus alternas y enjuiciar su físico, sería contrariar todo la magia que rodea su imagen pero, al desmembrar su composición y llevarle a su mínima expresión omitiendo sus millonarias campañas, nos encontramos con una sustancia que resulta siendo poco atractiva. Por ejemplo, despejar la Coca-Cola a su producto base, es encontrarse con agua negra y turbia en la que habría que usar botas hasta las caderas; es ligeramente pesada y con un sabor que se asemeja al de algún metal. Es como si todos sus componentes (marca-empaque-producto-branding) estuvieran diseñados a funcionar en una simbiosis para mantener intacta su esencia. Sino, sería una Pepsi.

Psicológicamente, aún cuando en sus inicios se presentaba al clima y mantiene como premisa la frescura, la Coca-Cola es de personalidad FRÍA. Bajo todo ese halo de calidez que parece percibirse en sus campañas, sea cualquiera estación del año, es un producto oscuro que sólo funciona perfectamente cuando está helado, pues allí reside su carácter. Y es gracioso porque, entre más gélida la Coca-Cola, más exquisita. Fuera de su contexto sería molesto a los dientes y desentonaría con cualquier cosa que le acompañe. Por otro lado, una vez consumida -gracias a las alteraciones que provoca en nuestro cuerpo por la salobridad que contiene- nos dejará siempre con ganas de más.

Comercialmente es una GENIO. Basta con exponer los dos párrafos anteriores y darse cuenta que aún con sus falencias, no se obstaculiza su notoriedad ya que su éxito se mantiene gracias a sus efectivas estrategias de marketing, excesivo branding e inversión a su nombre. Coca-Cola, a pesar de ser atemporal, es un producto de futuro y evita a toda costa la nostalgia, siempre proponiendo respuestas a sus consumidores y cada vez buscando ir más allá  haciendo lo impensable, como el ubicarse en un desierto en medio de la nada donde sólo hay sed.

Esa actitud de omnipresencia, que le ha llevado a aparecer -sin vergüenza- en todos los medios: radio, televisión, libros, internet y hasta en películas donde su nombre puede ser el eje de la misma consiguen día a día cambiar nuestros modos de percepción hacia ella y ajustarlos a sus dictámenes edulcorados con su ambición y marketing de primera dónde lo único que ha hecho la Coca-Cola, es hacer de lo feo, algo atractivo.



(Si al terminar, no entendió el sentido del post, clicka en 'Más información' para atestiguar cómo con Prada pasa exactamente lo mismo.)


16.5.12


En honor a la Gala del MET 2012.

Cierta brujería deben tener las alfombras rojas de los eventos internacionales, que consiguen alejarnos de nuestras actividades cotidianas - que de seguro son más importantes- y fijemos en cambio, nuestra atención en la llegada de las celebridades de turno -sean actores, cantantes o socialites- a la gala del momento, con el único fin de degustarnos visualmente -para bien o para mal- con lo que visten.

El magnestismo de la alfombra roja es tal, que suele superar a la velada misma, haciendo que europeos se trasnochen sólo para ver los trajes por los que se han decantado los invitados en eventos americanos y los americanos en cambio, madruguemos para no perdernos un sólo pase por la alfombra en alguno europeo.

Conociendo entonces, de la importancia de este espacio de casi 3 horas antes de la gala, donde todos posan para las flashes y ofrecen entrevistas a diestra y siniestra respondiendo a la infaltable pregunta: "de quién vistes?", las celebridades aprovechan para enfundarse en los trajes más exquisitos de las firmas del momento con el único fin de promocionarles y reafirmar su estatus.

A primeras no pareciera haber algún problema con esto, sin embargo, la alfombra roja ha perdido aquel brillo y prestigio que alguna vez le caracterizaba, donde el derroche de glamour, abrazado por una estética kitsch e individualista no daba cabida a la necesidad de tener un estilista personal ya que la único requisito, era impactar. Así, los vestidos pasaban a ser declaraciones, mensajes casi políticos y sátiras ante la formalidad de aquellos eventos donde celebrar un triunfo, se debería hacer como una gran fiesta. Los vestidos sobre la alfombra roja se convertían en referentes físicos que documentaban una época, pues era una verdadera pasarela cultural.

Hoy, en cambio, estos eventos son tomados con tanta seriedad y severidad, que se han transformado en un desfile de extremo buen gusto donde el tedio y el aburrimiento se combinan gracias al exagerado asesoramiento de los ya establecidos estilistas y la presión que el mundo está ejerciendo sobre la apariencia de sus clientes.

El mundo parece olvidar que las celebridades son de otro mundo: el del ENTRETENIMIENTO, por lo tanto su trabajo es entretener dentro o fuera del escenario. Por algo un híbrido de humano-cisne se presentó a los Oscars con forma de Björk, o Kim Bassinger, del brazo de Alec Baldwin en 1991 horrorizaba a todos con un vestido que se mantiene hasta la fecha, como el peor vestido llevado a alguna gala ó la Madonna de antaño, o Cher o Lil Kim y hasta la mismísima Anna Wintour fueron y serán recordadas por vestidos que rompían todas las barreras del vestir. De hecho la carrera de la sra Wintour se disparó por mezclar lo que parecía imposible: alta costura y moda callejera en su inicial trabajo en Vogue.

Aún así, hay cosas que nadie parece olvidar, como el 9/11; uno de los principales factores en éste gran cambio cultural. La caida de las Torres Gemelas en New York, fue el primer detonante que generó la conocida "Cultura del Miedo" donde la continua repetición de mensajes intencionalmente distorsionados trajeron consigo un fenómeno consumista que se ha quintuplicado diez años después. La estigmatización del rechazo por no comprar cierto producto, o pensar, o escuchar o no vestir cierta marca, trajo consigo una democratización del lujo, demarcando clases sociales y polarizando el pensamiento en 'IN' y 'OUT'.

Los medios impresos fueron los primeros en intesificar este caos. Desde inicios del 2002, las ventas de los diarios tipo tabloides se dispararon al dedicarse a colocar en portada a las estrellas en sus momentos más vergonzosos; borracheras, discusiones y vaginas se convirtírían hasta la fecha, en el pan de cada día . Las ediciones favoritas y por ende, más vendidas, fueron en las que las celebridades son capturadas sin maquillaje, algo que en nuestra nueva cultura, es un horror.

Esta Cultura del miedo donde las celebridades -aún cuando siguen generando muchisimo dinero- se convierten en blancos del público, sigue creciendo por medio de la internet y es tal vez la prinicipal razón al aburrimiento que se vive actualmente en el mundo pop.

Andy Warhol fue tal vez el primero en percibir aquel fenómeno muchos años antes con su mítica reflexión sobre la estratificación usando a la Coca-Cola como ejemplo: "...Puedes estar viendo la tele y ver la Coca-Cola, y sabes que el Presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola, y piensas que tú también puedes beber Coca-Cola." Aquella frase que elimina cualquier jerarquización social es hoy representada de manera fiel en la cultura del internet y claro, las redes sociales.

Con un blog, twitter o tumblr, el usuario se convierte en un dictador, árbitro y jurado de las celebridades. Las líneas que parecían dividir quién podía opinar o cuya opinión era importante han parecido desvanecerse mientras tu blog genere millones de visitar, tenga miles de seguidores y adquiera relevancia social.

Las redes sociales, específicamente twitter, consiguen en cambio que las celebridades -por presión social- bajen de sus constelaciones para hacerse con una cuenta y compartan su vida con sus millones de seguidores y ése es tal vez, el punto más determinante de todos. Al ejercer una relación directa con el mundo, las celebridades se han quitado aquel "manto de misterio" que les alejaba de las "personas del común" y se dedican en cambio a compartir su vida -que resulta siendo aburrida- destruyendo la imagen que suelen presentar bajo los reflectores. Las celebridades no han entendido que al mostrarse y crear vínculos virtuales inexistentes con sus seguidores, están expuestas a que cualquier opinión de cualquier parte del mundo llegue a sus ojos con sólo anteponer una arroba a su nombre; sobre su físico, sobre el vestido que vistan, sobre su pareja de turno, sobre sus inclinaciones sexuales, sobre su familia etc. Las celebridades como Hércules, son dioses convertidos mortales.

Las celebridades hoy en día son entonces, personas comunes con trabajos extraordinarios que comparten una cuenta de twitter -El presidente usa twitter, Liz Taylor usó twitter y nosotros usamos twitter- pero por ser estrellas convertidas mortales, están propensos a cualquier tipo de crisis (de identidad, alimenticias, existenciales, nerviosas) gracias a la -ya mencionada- presión que ejercen sobre su vida.

Antes era muy sencillo inmortalizarse en un evento ya que todo quedaba en el mismo y en diarios que repetían la misma noticia por meses. Hoy, con herramientas de información inmediata, las celebridades viven precabidas, inhibidas y no caminan sobre polvo de estrellas -como solían- sino sobre cáscaras de huevos, temiendo romper no sólo su suelo sino también su imagen. Por eso los estilistas, por eso el temor a una espinilla porque hoy todo es HD (High Definition), por eso el temor a ser auténticos, por eso la seguridad en la alfombra roja.

Finalmente, el mundo también parece olvidar que, aquella autenticidad histriónica e ingenua representada en los vestidos que llevaban a los eventos, sólo lograba ennaltecer su estatus de distinguidos al lograr una imagen maravillosamente ridícula de su persona. En las alfombras rojas han desaparecido los halos que se solían formar a su alrededor que contrastaba con el pasional color, que les alejaba de la realidad y les hacía ver cada vez más innalcanzables, más brillantes e indudablemente, como verdaderas estrellas.

24.4.12



Las fieras que han residido en la cabeza de Roberto Cavalli y que han sido plasmadas en sus sofisticadas y excesivas prendas desde inicios de su carrera, parecen haber sido liberadas por el diseñador ahora en las redes sociales.

"La moda...es una gran máquina de hacer dinero !! Ya no hay más creatividad ! En 50 años los libros de moda ... NO VAN A TENER NADA QUE DECIR SOBRE NOSOTROS" es uno de los tantos tweets que se puede leer en la cuenta oficial del maestro quién, emocionado, ha declarado, será usado para escribir sólo verdades que den a conocer su calidad de persona y al parecer, su posición ante la industria.

A primeras, parecería un movimiento que resultaría arriesgado para algún emergente o frágil diseñador pero, para el una vez considerado sucesor de Versace y uno de los diseñadores más influyentes del mundo, no parece importarle la repercusión que podrían tener sus declaraciones si a final de cuentas, su maravillosa línea está perfectamente posisionada y facturando.

Los tweets, escritos en inglés y con encantadores errores ortográficos no hacen sino, ensalzar la imagen soberbia y a la vez cálida del diseñador -que una vez eligió estudiar modas  para conocer chicas lindas y quien hoy afirma que resultó con muchísimos colegas homosexuales- arremeten contra el sistema político y comercial que parece imperar actualmente. Su rabia contra el estado y curso que lleva la decadente moda, le llevó igualmente a lanzar sin misericordia opiniones contra personas influyentes en el círculo, dando nombres como si se tratase de un cantante de rap -a quienes vistió constantemente en los 90s- dejando a la luz, la avaricia de aquellas personas que custodian el negocio.

Aquella epifanía que pareció vivenciar Cavalli -y de la que se desconoce el motivo aparente que le llevó a predicar en twitter-, ha servido para levantar interrogantes sobre la artificialidad preponderante en la moda, el estancamiento de algunas casas por la falta de libertad, la interpretación del afrancesamiento por personas ajenas a Francia; en fin, un resumen en 140 caracteres de lo que yo he estado haciendo en un año en más de 25 posts reafirmado mi posición, propósito y llenándome de fuerzas para con éste blog. Gracias, Sr Cavalli.

19.4.12


Con la entrada de Raf Simons como director creativo de la casa de modas 'Christian Dior', se confirma el inicio del Nuevo Orden que se está llevando a cabo en el círculo internacional de la moda.

Al igual que en política, el 'Nuevo Orden' hace alusión a la reestructuración y cambios no sólo en las ideologías, sino en la forma en la que será repartido el "poder" a un selecto grupo de dirigentes/diseñadores que se encargarán de mejorar el periodo en el que se encuentran inmersos ó, si es el caso, de crear uno nuevo.

La elección de Raf Simons como diseñador cabeza de CD, una de las casas más prestigiosas del mundo representa, entonces, un paso abismal en el devenir de la moda debido a que su interpretación y trabajo serán escenciales desde el día que presente su primera colección, a diferencia de su trabajo en Jil Sander dónde, a pesar de haberse destacado de manera impecable, es prudente decir que el renombre de la casa parisina y la atención que recibirá, le convertirá evidentemente en una potestad en el círculo.

Cada -aproximadamente- 20 años se lleva a cabo esta tenebrosa reorganización y desde hace unos dos años se discute quiénes serán los próximos dioses que velarán por las casas que se les asigne o los que se levantarán con sus propias. Riccardo Tisci se alza como el actual nóvel más exitoso de todos y se rumoraba que entraría a Dior; Haider Ackermann de repente es una estrella y Karl Lagerfeld le tendría en cuenta cuando necesite un sucesor en Chanel. Alexander McQueen desaparece, criogenizando un futuro que parecía hacer de la moda y la tecnología un mismo concepto y entonces le reemplaza un ansioso Gareth Pugh quién se ha encargado de ir afianzando las anteriores mencionadas.

Haciendo un paralelo con el pasado, 1996 fue un año decisivo para la moda porque se gestaba un 'Nuevo Orden'. El arquitecto de la moda, Gianfranco Ferré, era despedido de Dior otorgándole el lugar a John Galliano quien dejaba Givenchy en manos del desaparecido Alexander McQueen quién sólo permaneció 3 años para abrirse con su propia casa; Marc Jacobs era nombrado diseñador cabeza de Louis Vouitton; Tommy Hilfiger se tambaleaba en su imperio al rumorarse, haber lanzado mensajes racistas contra Oprah (que no dieron paso a un despido como pasa hoy en día), a Lagerfeld y su tropa de supermodelos no les movía nadie de su trono, ni a Miuccia ni a Gianni ni a Giorgio, aún cuando estos dos últimos junto a Ferré se les haya visto envueltos en escándalos relacionados con patrocinios económicos por parte de la mafia italiana. Jean Paul-Gaultier quien hoy no brilla tanto como antes (precisamente por el espacio que se le está dando a nuevas promesas), diseñaba 954 trajes para la película 'El Quinto Elemento'.

La diferencia entre los elegidos de hoy con los de otrora dista enormemente por razones arraigadas a la libertad. Si hace 16 años, los diseñadores podían crear libremente mantiéndose en los parámetros de la casa, los de hoy, en cambio, son vigilados constantemente por los grupos detrás de ellos que cuidan el patrimonio económico de las casas y cada decisión primero debe ser aprobada por los grupos que les controlan.

La principal razón de este ajuste de pantalones es tal vez la acelerada época en la que se encuentra el mundo. La vertiginosidad de la tecnología y el fácil acceso y desecho de información hace que sea necesario un cambio en el modus operandi de los diseñadores y sus respuestas sean más rápidas y ajustadas a lo que el consumidor quiere, porque así funciona la moda de hoy: El consumidor manda y exige una reinterpretación del lujo en piezas más simples pero igualmente innovadoras. El nuevo orden propondrá el redescubrimiento y valorización del lujo a través de las piezas austeras y tecnológicas.

Desconozco si Simons se ha hecho en Dior a sabiendas que el recorte de presupuesto le hará centrar su visión en una propuesta más simplificada y acorde a la austeridad que reina y reinará o si es precisamente por eso que se sentirá más seguro trabajando de esa forma, porque simplemente ajustará la visión minimalista que ejerció en Jil Sander a los patrones de Monsieur Christian. Mi máxima es "entre menos tengo, más doy" y quizás también sea la de Raf quién ha sido el primero en atender el llamado que clama la moribunda moda y de quién su trabajo en su nueva casa dependerá la subsistencia de cientos de casas de moda rémoras que esperan las órdenes del nuevo dictador.

Aún faltan casas por ser ocupadas. Seguro en unos 2-3 años o menos, con la rapidez en que se mueve el mundo, otro diseñador se alzará como un grande. Los desauciados rezan por el próximo prodigido de la Central Saint Martins, pero mientras tanto disfrutan las brisas que parecen refrescar el ambiente pestilente aún cuando faltan muchas más cabezas por rodar.


 
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