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15.4.13



El pasado viernes tuve la oportunidad de ser uno de los 17000 asistentes que disfrutaron del Festival Estereo Picnic en Bogotá, Colombia; evento que reune a artistas de talla internacional en dos escenarios que son disfrutados como su nombre: a modo de picnic.

Mi presencia en el evento fue en colaboración con una emergente marca de ropa que busca promocionarse y posicionarse en el mercado jóven. Mi asistencia allí -además de consultor de la marca- fue el de auxiliar de técnico de mercadeo dirigido, entiéndase, vendedor, lo que me pareció una oportunidad perfecta para interactuar con el público capitalino, entender y analizar un poco su psique y persona, considerando que soy relativamente nuevo en la ciudad. Para ello, cargué con papel y lápiz y mi infaltable cámara para registrar los atuendos, tantos de los que compraban las prendas, como aquellos que llamaran mi atención.

Debo confesar que estaba un poco predispuesto con el público que asistiría. Con el hipsterismo en auge ahora en Colombia, tendencia que va desapareciendo de las revistas y blogs, sabía que la cosa no iba a ser tan sorpresiva. Y sorpresa! No estaba equivocado. Fue desde que abrieron las puertas y la horda de asistentes corrían como en maratón para asegurar sus puestos cerca de la banda/artista que se presentaría, cómo noté la pérdida de identidad colombiana. Por un microsegundo, sentí que estaba en Europa; por otro microsegundo, sentí que estaba en Estados Unidos, pero no, precisamente, estaba en Colombia donde devorar tendencias es... tendencia.

Y cómo no? Si el Festival mismo promueve esta identidad ajena: era sólo acercarse al 'Hippie Market'  (¿qué tal el nombre?) donde, pequeñas y medianas empresas emergentes promovían sus productos en carpas que simulaban ferias gringas, con decorado de luces que llevan inmediatamente a algún pueblo de Estados Unidos, donde jugar a golpear la campana con un martillo y caminar comiendo algodón de azucar es una obligación.
El público asistente al concierto -que se acercaba por curiosidad o con propósitos comerciales al HippieMarket- si pudo en algún momento sentirse como un turista, se sentó como pez en el agua, fascinado con los objetos más extraños que se vendiesen, haciendo preguntas con un acento "snob" y utilizando palabras en inglés en expresiones o hasta en prendas mismas (tshirts, caps) que retumbaban en las carpas de feria gringa pues hablaban con una lentitud que sorprendían porque no coordinaba con su avidez mental: son conocedores de las tendencias de afuera; lo saben y compraban para ser los primeros en lucirlas allí mismo en el evento.

Sorprendido ante la multitud caza-tendencias, no me importó tomar una sola foto de algún atuendo.  ¿Para qué? Si habían cientos de fotógrafos haciendo 'street-styling' (???) a los presentes que de lejos sabían que habrían cámaras documentando a los más llamativos. Los fotógrafos se emocionaban cada que veían a alguien vestido "muy bizarro, muy internacional o en su defecto, muy europeo", palabras de un fotógrafo con el que tuve la oportunidad de hablar. De hecho, debo confesar que tenía intenciones de compartir las fotos que pensaba tomar del evento pero, una vez más, ¿para qué? si en TheSartorialist la llevan mejor. Y hasta en Coachella uno se lo cree más. Aquí sólo quedaron reductos de lo que hicieron las hermanas Olsen en el 2006: parecer brujas, vestidas de negro con faldas interminables y gafas gigantes, pero a modo de falsa insurgencia.

Al final me dediqué a disfrutar de los conciertos, que son la verdadera intención del evento y ciertamente no defraudaron. No hay foto de coolhunting pero sí de los conciertos (con iphone) para que vean lo cerca que estuve y se mueran de la envidia:


(Steve Aoki, Major Lazer y Crystal Castles)



18.2.13























Marc Jacobs no ha sido nunca santo de mi devoción pero, su última entrega para su homónima firma, ha sido el rayo de luz que nunca había avistado en alguna de sus colecciones.

Primero hay que reconocer que la colección no tiene nada nuevo. Por el contrario, ha resultado siendo un potpourrí y reminisencias de previas pero con una reinvención mucho más sofisticada, prolija y conceptual. Jacobs lo sabía y lo expresó —en pijamas—, explicando que sería "ropa simple".  Y efectivamente, Marc, sabe que en los tiempos en los que vivimos no se puede arriesgar a crear colecciones osadas y aguerridas porque no se está en condiciones, ni económicas ni climáticas para su disfrute como en otrora.

Su presentación, llevada a cabo el pasado jueves, se basaba en la instalación del artista danés Olafur Eliasson, "The Weather Project" disponiendo una enorme esfera que despedía una luz amarillenta, simulando ser el sol, sobre una pasarela en forma de plataforma circular también, mientras las clonadas modelos caminaban alrededor, como entes monocromáticos.

La luz —del Sol— fue el principal protagonista de esta maravillosa puesta en escena, no sólo por afectar a los invitados quienes, sin siquiera pensarlo, no se despojaron de sus oscuros lentes durante todo el show; además de sentirse incómodos por lo feo que la luz hacía verles: desde el color de sus pieles, hasta las sombras duras proyectadas sobre sus rostros sino por apropiarse de todo el recinto magnificando su poderío y matando cualquier color que osara desafiarle, haciendo difícil el reconocimiento cromático de algún pase.

No sé si Marc, con esto, buscaba hacer una declaración que tapara un poco la simpleza de sus prendas, pero ciertamente tenía como propósito la reflexión.

En la colección de Jacobs, el Sol —que no sólo hacía de protagonista sino de antagonista— obligaba a las modelos a desprenderse de sus prendas inferiores, haciéndolas caminar en la pasarela en minishorts que simulan ropa interior. Esta vez la intención de andar sin pantalones no era de control, poder o libertad, como pasó una vez con los pantalones del Señor Yves Saint Laurent, era completa necesidad.

Pero las necesidades no sólo físicas, sino emocionales hicieron que sus mujeres, afectadas por el inclemente sol, entraran en un estado de paranoia que les hacía cargar sus bolsos con fervor y con temor a que algo les suceda que lo apretaban contra su cuerpo, contradiciendo la indiferencia absoluta en la que estaban sumidas, pues prefieren vestir todo el día en pijamas ya que el calor soporífero es tal que sólo provoca pereza; sólo provoca dormir.

La mujer de Jacobs, la fiera New Yorkina de la jungla de concreto, heredera o esposa de magnate teme, no sólo del sol, ni de la moribunda tierra, sino de su economía pues va en declive cada vez más y su recorte no sólo en sus cuentas, sino también en sus prendas es cada vez más notoria. Las clases sociales cada vez se hacen más borrosas y el sol, iluminando por igual, diluye cualquier diferenciación. Por lo que ella tiene que pensar en sus bienes y a la par de sus maridos: seria y monocromática comienza a pensar como hombre y a reflejarlo en su apariencia, que si bien es masculina, no pierde su brillo ni femineidad.

Ellas son sobrevivientes. Sombrías y poderosas. No sólo son sobrevivientes de las crisis económicas, sino de la crisis climática: aunque les toque usar vestidos sintéticos, al final del día se enfundan en animales muertos, sea en estolas o abrigos; con ojos desorbitados de peluche o reales; a ellas no les importa, mientras sean pieles reales, ni que estén en vía de extinción porque ellas saben que en tiempos de crisis, sobrevive el la más fuerte.

4.1.13


Hace unos 18 años, la palabra 'troll' se hizo popular al referirse a un juguete que, gracias a su perturbadora anatomía híbrida (cuerpo de bebé eunuco y cara de anciano que sostenía un cabello enlongado y de colores), se convirtió en un éxito de masas siendo coleccionado por niños y adolescentes —que le cargaban hasta como aretes en una supuesta declaración de rebeldía— ayudando a marcar un precedente para la naciente generación 'rave' y los 'Club Kids' pues, adoraban la figura que sólo variaba su color de cabello; y le convertían, de paso, en uno de los emblemas más importante de los 90's.

Los tiempos han cambiado y la RAE que se actualiza con cada palabra que redefine su significado, le adjudica al 'troll' como aquel personaje cibernético que se encarga de mofar, molestar y desconcertar la tranquilidad de un foro o alguna comunidad donde se interactue por internet.

Troll. Monosilábica palabra cuya definición sonaría indefensa a primeras, está causando un cambio inconsciente, lento e indirecto en el raciocinio de todos nosotros debido a que nos está regresando lo que alguna vez pareció perdido: la libertad. Sí, por muy estúpida, contradictoria e imposible que suene esta premisa, nunca antes se había visto una revolución de pensamiento o de no pensamiento —ahora cibernética (hay que tener en cuenta que nuestra realidad es, irónicamente, la virtual)— tan precipitada y directa contra cualquier órden. Y si alguna vez este blog, criticó el atrevimiento de muchos por creerse autoridades, aún no compartiendo la actitud, le aplaude al mismo tiempo.

Las 'trolleadas' que comenzaron no precisamente en internet sino que han estado presentes durante toda la historia (en el arte, los 'fauvistas' por ejemplo o hasta el mismo Marcel Duchamp) luego toman una forma más estereotipada en personajes de televisión, aquellos que solían desconcertar al resto de personajes y al público mismo con frases ridículas o vestuarios estrambóticos desde los 90's, forjando lo que sería una actitud de libertad que, aún sin la proliferación de los computadores, se reflejaba en el vestir: un reducto de los 80's más simplificado pero más colorido (el neón entró en tanto furor que se apoderó hasta de los caparazones de los computadores Mac). Y de eso se trataba en ese entonces, de presentar ese respiro de libertad e indiferencia por el qué dirán y ''ser uno mismo'': tonto y ridículo en la labia y el vestir que es basicamente lo que nos define en el mundo superficial que vivimos.

Si los 60's 70's y 80's fueron décadas de revoluciones, los 90's eran de disfrute, de celebración de logros y la entrada a una nueva era, el disparo de las series de comedia y el color, excesivo y estridente color se apoderaba de la pantalla chica, la pantalla grande, los videos musicales, las alfombras rojas y las discotecas, entre esas las ravé. Los 90s significaban exceso y puterío pero al mismo tiempo, era una década donde el miedo mismo alimentaba esta actitud desaforada. El Y2K, segunda trollada más grande en la historia, logró meterse en la cabeza de casi todos los habitantes del planeta haciendo pensar que con la llegada del nuevo milenio, el mundo iba a entrar en un desastre informático de tal magnitud, que el caos provocaría el fin del mismo. Eso o que simplemente se iba a acabar. Punto. Entonces todos bailaban y celebraban como si no hubiera mañana. Cabe resaltar que aún cuando el medio dominante era la televisión, la interactividad no existia en gran parte y el miedo era inminente, bombardeados con millares de películas sobre el fin del mundo con caidas de meteoros y supuesta visita extraterrestre. Nadie quería irse sin haberse sentido libre.

El mundo no acabó. La humanidad sobrevivió pero un atentado un años después a la entrada del milenio, septiembre, le sumió en total miedo y oscuridad. La fiesta se acabó.

18 años después y dado que estamos en la época donde las tendencias se repiten; los trolls regresan, ya no en la televisión sino en formas 'reales', nosotros usuarios de internet; los comentarios ridículos ahora son en blogs, twitter, realities y tumblr y el desconcierto es el mismo, normalmente acompañado de un gif que represente la expresión facial. Lo maravilloso de todo es que ya comenzó a desbordarse de las líneas del internet y comenzó a reflejarse en la calle, haciendo de esta, ahora tendencia, un futuro fenómeno.

Y no, no se trata sólo de moda. Son muchísimos los factores y vicisitudes de un mundo 'progresista' las que van haciendo de esta pequeña bola de nieve, una avalancha trollera. La re-elección del presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, supone la entrada a cambios culturales gigantes que alimentarán la tendencia: la aceptación de género, legalización de la marihuana y del matrimonio gay traen consigo rupturas de tabú y una osadía que si bien desenfrenada, podría ser auténtica, palabra que ha perdido valor desde hace 13 años.

Esta vez el mundo ha abierto un poco más los ojos. Las tasas de catolicismo han bajando al igual que los suscriptores de Vogue. Ya nadie traga entero ni le tapan la boca con el dedo; estamos entrando a una era donde ser troll, ha permitido ser uno mismo, sin importar la opinión ajena (algún usuario tras un nickname). Se sobrevivió a el 21.12.12, tercera gran trolleada y no hay necesidad de sentir miedo ya; más allá del que quieren infundir los medios donde el internet, ahora predomina y debido a la libertad del cibernauta de elegir lo que lee, ha ido decreciendo ese temor y la humanidad tiene ganas de volver a bailar y dejar el luto.

Es un poco contradictorio. La moda nunca había sido tan aburrida, pero al tiempo es maravilloso porque es ''la moda'' que nos han metido en la cabeza la aburrida. Ahora hay cientos, miles de diseñadores independientes con ideas frescas y aunque no revolucionarias, deslumbrantes y desconcertantes (como lo fue Gareth Pugh hace un tiempo) trabajando y moviéndose a través de las redes sociales usando el color, frases atrevidas y una onda noventera engranadas para presentar sus piezas que resultan siendo una exquisitez estética. Por eso el resurgimiento de Jeremy Scott, antiguo protegido de Karl Lagerfeld, al ojo de la moda internacional con sus propuestas descabelladas y noventeras quien viste ahora a las que serán las promesas de esta nueva década: Azealia Banks, Justin Bieber (...) y el grupo pop 2EN1. Sus desfiles que fueron una vez olvidados, vuelven a ser sensación y Style los coloca en su página principal. Por relevante en tendencia.

Los trolls dominan ahora la moda. El reinado de Vogue va en picada aunque muchos lo nieguen y afirmen que se mantiene como pilar de tendencia y árbitro de estilo. La moda, la verdadera está en las calles y sale de internet o ingresa a ella en algún blog de coolhunting. El ''qué dirán'' que obnubilaba nuestro pensamiento va desapareciendo en forma meteórica. Ya casi nadie se toma, ni intenta tomar las cosas en serio porque ¿para qué? vivimos en una era donde ser serio, tal vez ese sea el único temor ahora; parecer serios en twitter o tumblr nos daría menos seguidores, ser serios en facebook nos haría ver trascendentales y dramáticos. Son ahora los que llevan una vida ''normal'' los que pueden llegar a desconcertar mientras que la vida alternativa, se hace cada vez más ordinaria.

21.8.12



El 7 de Agosto, la muerte tocó la puerta de Anna Piaggi quién, despojada de sus extrafalarios atuendos, se encontraba en la soledad de su calurosa casa italiana. Con su partida, muchos declaran que ha muerto, en definitiva, la moda.

Si Anna Piaggi hubiera vivido en Colombia  o en algún país de LatinoAmerica y se paseara por sus calles, probablemente sería confundida como una anciana con demencia senil: perdida entre los edificios, mirando al cielo, vestida en harapos pintorescos que luciría con orgullo ante los condescendientes transeúntes; como si en su cabeza, su persona fuera un personaje histórico de la realeza; pensamiento que se contradeciría, con un rostro maquillado de forma tan ingenua, que sólo reflejaría la candidez de una ávida mente infantil.

A cualquier europeo le pudo haber pasado lo mismo si se la encontrase en la calle ataviada en sus enormes trapos siempre coloridos, sosteniendo su característico bastón y desconociera su persona: ''una viejita loca'' u ''otra excéntrica más'', dirían; ignorando que en realidad, Anna Piaggi sí era de la realeza, al menos en el mundo la moda y para ella misma, considerándose ''un nuevo tipo de reina'' enamorada del poder y estilo que posee la ropa la que ella vestía para ser más precisos. No era de sangre azul, pero su característico mechón, de ése color, que solía cubrir el ojo inquisitivo y pintorreteado con el que juzgaba las colecciones de los diseñadores nos hacía pensar que sí. Su asistencia en algún desfile, se convertía en aceptación inmediata del diseñador al celoso círculo puesto que, era su presencia, la que representaba la consagración del creador. Su colaboración con la revista 'Vogue Italia' desde los 80's, donde analizaba y enseñaba los orígenes de las colecciones de cada temporada en su exclusiva 'doppie pagine' (doble página), se convertiría en un régimen imprescindible con cada edición al igual que las colaboraciones editoriales con grandes diseñadores, entre esos, Karl Lagerlfeld, su gran amigo y confidente y Manolo Blahnik con quién mantuvo una estrecha amistad y le describió como ''la única autoridad en vestido que quedaba en el mundo'' dejando claro, su poderío e influencia inherente e irrevocable en el mundo de la moda.

Muchos ignoraban esto. Muchos. Entre esos, los auto-proclamados ''fashionistas'' ignoraban todo el legado de esta irreverente mujer que una vez cortó su cabello para hacer de su cabeza, un lienzo para el sombrerero, Stephen Jones, alegando que ''los sombreros son como halos de felicidad''; accesorios que usó, hasta sus últimos días. Muchos ignoraron también que a Anna le han dedicado exhibiciones retrospectivas presentando más de 2500 prendas que tenía en su haber. Muchos lo ignoraron porque su legado, más allá de su vestir, no era muy conocido. Aunque para nadie que recorriera las páginas de una revista o las páginas de moda en internet, la graciosa cara de Piaggi resultaba extraña, pues estaba en todas los eventos y desfiles de cabecera, para muchos, resultaba siendo aquella anciana con demencia senil de rubor naranja que, gracias a su nombre y lo que hizo en otrora, mantuvo acceso a cualquier desfile que deseara asistir.

Y era muy fácil asumirlo. Junto a Diana Vreeland e Isabella Blow, no se conocía a otra mujer tan auténticamente excesiva en su totalidad como lo fue Anna Piaggi y aún cuando el adjetivo ''llamativo'' se queda corto ante ella cuya naturaleza fue siempre ser superficial su persona no lo parecía ser tanto. Era de hecho, todo lo contrario: se le veía sólo en eventos de renombre; ofrecía entrevistas cuando lo consideraba necesario, no se manejaba en redes sociales y parecía una detractora del fenómeno informático pues hasta su muerte, le fue fiel a su máquina de escribir Olivetti de color rojo carmesí. Alejada abismalmente del resto de editores quienes parecen inmersos en las nuevas tecnologías y hambrientos de seguidores, Piaggi era entonces, una total desconocida. Poderosa, sí, pero desconocida y olvidada por los emergentes adeptos al fenómeno fashion. Ó al menos lo fue, hasta su deceso.

Stefano Gabbana fue el primero en anunciar la muerte de la editora, vía 'Twitter' y fue entonces cuando el mundo volcó los ojos ante la magnificencia que representaba Piaggi. Las condolencias no cesaron por parte de los que la conocían y los fashionistas a la par que de seguro poco saben de ella lloraron entre silenciosos caracteres su partida, pero agradecían sus contribuciones al mundo; todos ignorando en realidad, la tristeza que rodeó su muerte.

Anna Piaggi murió en la soledad de su casa en Milán el 7 de Agosto, a causa de un paro cardíaco, probablemente por el excesivo calor que hacía en la ciudad (uno de los veranos más calientes de Italia) un día después de haber rechazado la invitación de su hermano, a irse de vacaciones con él y su familia por no sentirse bien. Fue encontrada por su asistente después de haber tocado insistentemente y, al no recibir respuesta, se vió en la necesidad de llamar a la policía quien forzando la cerradura, encontró a Piaggi tirada en el suelo. Al no presentar signos vitales, no hubo necesidad de llamar una ambulancia. Anna Piaggi había muerto.

Un pequeño servicio funeral fue llevado a cabo el jueves. Alrededor de 90 personas asistieron, entre ellos miembros de la familia, unos cuantos periodistas y personas que vivían cerca y le conocían. Ningún diseñador, nisiquiera italiano, estuvo presente pues eran vacaciones y todos parecían estar ocupados. Por eso nada se comenta del funeral; ni figura en internet donde las imágenes se habrían filtrado en segundos— ni se muestra nada en los medios impresos porque, nadie que valiera la pena para plasmar en una revista, fue a darle el último adiós. Las despedidas se hicieron via twitter que es como parece enmendarse todo hoy en día y dejándola sola, perdida entre sus trapos y con sus ojos pintorreteados, esta vez cerrados y apuntando al cielo azul como su cabello, Anna fue ignorada como se ingoraría a una anciana con demencial senil: con una sonrisa lastimera.

13.8.12

(Jean-Paul Goude)

En el 2000, Maria Isabel Urritia se alzaba con la medalla de oro en halterofilia en las Olimpiadas de Sydney. La primera para Colombia en toda la historia, en cualquier categoría. Doce años más tarde, el oro ha sido para Mariana Pajón en la categoría de BMX.

Han sido doce largos años, treinta olimpiadas y sólo dos triunfos de oro para Colombia; una cifra que, aunque un poco desfavorecedora para un país que simula defender el deporte en actitudes prosopopéyicas, alenta a nuevas generaciones a desarrollar sus destrezas en las "llamativas" áreas culturales que van tomando fuerza en el país poco a poco.

A partir de estos logros, el futbol, por ejemplo, deporte y opio del 90% de los colombianos, con inversiones estratosféricas en jugadores y directores técnicos —cuyos resultados en la cancha provocan enterrarse de cabeza— ha logrado ser cuestionado por los hinchas que portan con orgullo las camisetas de sus equipos, al atestiguar resultados de deportistas colombianos que se destacaron en categorías como el salto triple, ciclismo, levantamiento de pesas, judo, taekwondo y lucha durante las Olimpiadas realizadas en Londres de este año. Pero, más allá de la alegría de haber conseguido 8 medallas en los antes mencionados, queda también una especie de insatisfacción por no haber conseguido más preseas doradas para el país. Y es muy normal que pase debido a diferentes factores que, al igual que en un podio, se ubican en un mismo pedestal de mayor a menor.

El dinero, se alza con el oro como principal factor de todo este disgusto, ya que los patrocinios por parte del estado no existen; obstaculizando, traslados, viáticos y sueños deportivos. Uno se haría de la vista gorda y contradeciría esto diciendo que los patrocinios existen si hay talento pero, es común ver grupos de porristas frente a un semáforo, haciendo ''maromas'' bajo el inclemente sol y mendigando dinero a los conductores, para la confección de uniformes o para poder pagarse el traslado a algún evento, en otra ciudad. Y eso es sólo un mínimo ejemplo. Durante las Olimpiadas, fue una total pena que casi todos los deportistas de Colombia, se vieran en la triste obligación de devolverse al no tener el dinero suficiente para costear su estadía hasta la clausura; apagando, no sólo el sueño de ver cómo la llama olímpica se extinguía, sino también, generando frustración, en los que esperan llegar a algún olímpico y deban repetir el infortunio. De todas formas, el dinero no puede ser la única determinante, porque una vez empiecen a surgir nuevos talentos, la presión por patrocinios aumentará y la competencia directa del pueblo va a ser el gobierno, su único contrincante.

Pero la competencia no debería ser sólo con el gobierno —a quien es muy fácil echarle el agua sucia, por toda esta tragedia de magnitud olímpica— sino entre nosotros. Sí. Precisamente, una de las principales razones por las que el estado no ejerce ningún tipo de interés económico por actividades culturales, es porque el pueblo no ha generado un espíritu que fomente las mismas. La actitud competitiva en Colombia no se promueve porque para algunos, no tiene caso si se va a seguir viviendo en la misma mierda; manteniendo un negativismo palpable, que podría ser disipado con actividades físicas así como las Olimpiadas, en sus inicios, buscaron dirmir conflictos entre naciones a través de una fiesta deportiva.
La responsabilidad de ésta falta de actitud competitiva recae en los padres y profesores escolares, quienes deben estimular las mentes de los niños desde temprana edad, inculcando valores de constancia, esfuerzo y sobretodo disciplina, si queremos más campeones. La promoción de la sana competencia, la existencia de modelos a seguir que se conviertan en héroes y records por superar, incitaría al anhelo competitivo que debe, en primera instancia, ser llevado a cabo entre el pueblo porque, si no competimos contra nosotros mismos, ¿cómo vamos a sentirnos a la par de los de afuera? Colombia necesita más records y más héroes.

Conseguirlo tomaría tiempo, pero es posible. Colombia, con sólo 202 años como nación independiente, es un país relativamente nuevo, con una cultura que centra sus bases precisamente en la ausencia de la misma: son pocas las personas que se interesan por éste tipo de actividades deportivas o de cualquier índole, porque vivimos en una mezcolanza cultural plagada de influencias ajenas desde que nos colonizaron —e irónicamente, se llevaron nuestro oro escondiéndole en excusas religiosas—. Entonces somos muchas cosas y al tiempo nada, haciendo dificil estar a la par del resto de paises no sólo en deporte; faltan más medallas de oro en salud, tecnología, arte, moda, política etc. si queremos competir con los de afuera, porque mientras que Colombia cree que hacer ''bulla sociopolítica'' por Facebook, es fomentar a una revolución cultural, ellos han pasado por las suyas desde hace cientos de años; porque mientras que en Colombia se suele decidir a qué dedicarse a los 16 años o es, a esa edad, que apenas estamos moldeando nuestro identidad, los de afuera lo tienen claro desde los 6 años y comienzan a trabajar en ello, cargando consigo un bagaje mucho más extenso y mucho más competitivo que el nuestro.

Eso sí, cuando un fenómeno genera en el país un boom mediático y se convierte en ''furor'' —sobretodo cuando se trata de algo parcialmente desconocido— los colombianos intentan sacarle el jugo al máximo y empiezan a entrenar a los futuros campeones. Las inscripciones para el BMX, por ejemplo, ya presentan un incremento. Los padres quieren más Marianas para Colombia. Y, aunque es una actitud tierna, suele ser momentánea para algunos, por los factores antes mencionados: costearlo por años, conseguir contendientes dignos, mantener la disciplina y no hacerlo por ser la ''fiebre'' del momento, porque hay que ser honestos si se quiere cambiar: aunque Colombia aplauda las 8 medallas de los 8 revolucionarios culturales, es un país que devora tendencias a gran velocidad y tristemente las olvida en tiempo record.

23.7.12


Todos sabiamos que Amy Winehouse se iba a morir, todos; sus representantes, sus padres, sus fans; hasta ella misma lo sabía y apostabamos la fecha en que pasaría, sin pensar siquiera que cuando ocurriera, nos tomaría por sorpresa.

Hace exactamente un año ocurrió lo imaginable: Amy Winehouse muere y logra detener el mundo, al tiempo que las redes sociales y páginas de internet colapsaban relatando el suceso. Ese día nadie sabía exactamente cuales eran las causas de su muerte pero no importaba, estaba muerta y el mundo clamaba una respuesta; una supuesta sobredosis de alcohol, de drogas y hasta una auto-asfixia eran de las tantas afirmaciones lanzadas por los medios, que en vez de horrorizar y seguir destruyendo su imagen, por el contrario, contribuían y le ayudaron a mitificarle.

Aquel sábado 23 de Julio, el mundo no sólo lloraba física y textualmente la gran pérdida musical sino -muy egoistamente- lloraba el suponer que no habría un futuro álbum que calmara la sed que dejó con Back to Black.

Ese álbum, su gran obra maestra, supuso un cambio social desde la parte musical. Desde Eric Clapton, no había aparecido algún otro cantante que cantara sobre drogas, alcohol y excesos de una forma tan abierta y cínica: el álbum abre con aquella canción, donde una repetida negación a rehabilitarse, la hizo famosa mundialmente y termina con una donde defiende su marihuana y se pavonea en decir que es mejor y más adictiva que cualquier verga que haya probado. La crítica evidentemente le aclama y critica en partes iguales y los cantantes emergentes intentaron imitar su estilo lírico, trayendo consigo, una leve aceptación a las drogas por parte de las nuevas generaciones, que se escudaban en la sátira de la canción para mostrar el consumo de drogas, como una actividad 'cool' y de la que los cantantes se enorgullecían tanto que alardeaban en sus canciones.

Sus fans y no fans no podíamos no sentirnos identificados con alguna de sus canciones porque Amy, a diferencia del resto de cantantes, llevó la cotidianidad y la pureza de un corazón sensible a notas musicales. Sus letras no eran pretenciosas, por el contrario, eran tan sinceras que hasta rayaban con lo simple, pero una simpleza que casi parecía poesía. Amy decodificó lo que muchos sentimos en nuestro interior, logró darle vida a la vida y a la muerte.

La sinceridad y crudeza en sus letras totalmente contemporáneas, junto a sus sonidos de influencia soul, jazz y R&B que si bien no eran totalmente innovadores, pero que refrescaban el panorama donde el auto-tune iba cogiendo fuerzas, sumándole también el hecho de que fuera una mujer británica la que se jactara de sus banalidades al tiempo que se auto-flagelaba en sus canciones le dieron toda la notoriedad que no buscaba. Según sus padres "ella no quería ser famosa, ella sólo quería hacer música" pero, es imposible pasar desapercibida cuando se posa sobre una alfombra roja con un enorme peinado, ojos vestidos en eyeliner, un cuerpo debilucho que saludaba agitando sus brazos tatuados y su sonrisa que dejaba ver los dientes que no se le habían caido.

Sobre el escenario era un personaje que cautivaba apenas se paraba a cantarle al amor y al desasosiego con su inquietante y casi irritante voz; fuera de él, era una chica con problemas que cautivaba con su tragedia y que prefirió hundirse en el alcohol pues entre más borracha, más genial su calidad intepretativa y creativa.

Afortunadamente, en los últimos momentos de su vida hace un punto de inflexión, decidiendo desaparecer de los escenarios por un tiempo y dedicarse a su proceso de rehabilitación. Eso fue un alivio para los muchos que esperaban un Back To Black 2 pues, si Back To Black, que gira en torno a su relación destructiva con Blake Fielder-Civil, su gran amor; este supondría ser un álbum todavía más desgarrador, romántico y exitoso puesto que Blake ya no formaba parte de su vida y ella se sentía desolada.

Desafortunadamente, Amy muere en la cama de su apartamento a causa del Síndrome de Abstinencia que generó en su proceso de desintoxicación y es maravilloso, porque a pesar de que indirectamente los excesos la mataron, fue la ausencia de los mismos su frío verdugo. No se sabe la hora exacta, ni si intentó luchar contra la muerte quien terminó venciendo; sus familiares y amigos se arrepienten de no haber estado en ese momento con ella, para ayudarle, así como los millones de fans que pensamos utópicamente en que si hubiera sido nuestra amiga, le hubieramos ayudado a salir de las drogas; como si fuera tan sencillo. Muy bien lo decía ella  "I can't help you, if you won't help yourself" (No puedo ayudarte, si no te ayudas a ti mismo). Y por no dejarse ayudar, la vimos balbucear canciones, intentar recordarlas, tropezar por sus borracheras y dejar conciertos a medias.

Pero a Amy no se le podía ayudar y mucho menos juzgar. Más allá de sus acciones, es tal vez la única verdadera artista de nuestros tiempos. Era la única que expresaba con honestidad y autenticidad sus pensamientos y sentimientos en sus canciones, y lo exteriorizaba, no sólo en el vestir, sino en su físico demacrado. Amy fue la prueba fehaciente de cómo el amor puede destruir una mente frágil y romántica. Ella, como a un verdadero artista, no le importaba la repercusión de su trabajo, porque ella sólo quería cantar. Nadie esperaba que viviera muchos años, porque los artistas como ellas están destinados a vivir poco sobretodo, cuando nos venía repitiendo todo el tiempo, que "ella no era buena" y ciertamente no lo era, era un genio.

5.7.12



Raf Simons sabía, mucho antes de aceptar el puesto como director creativo en Christian Dior, que su presencia en la casa parisina, debía polarizarse completamente del legado que John Galliano dejó en la mente de todos los que vimos el renacer, de la casa más importante de todos los tiempos.

El lunes, 3 de Julio fue el tan esperado debut y como es de suponer, no defraudó; al menos no a los invitados ni a la prensa especializada que ya ve ésta colección de alta costura para Otoño del 2012, como un éxito comercial y como un alivio al traspié mediático que ocasionó Bill Gaytten durante 3 temporadas. Pero, ¿qué pasa con los que no estuvimos allí y no estamos especializados y somos un poco más románticos y fanáticos del trabajo de John Galliano?

Es absurdamente dificil mantener una posición objetiva cuando se mira con nostalgia el trabajo previo de Galliano y se compara con la frialdad y ferocidad de Simons para con la casa, pero hay que reconocer que es una colección digna de la maison francesa y cumple con todos los requisitos de confección, buen hacer y altivez que distinguían el trabajo del hombre que definió el 'new look', Monsieur Dior tal vez de forma más exacta que el trabajo de John.  Aún así, hay elementos que van totalmente en contra de la ideología del fundador, logrado desconcertar a varios; entre esos, yo.

Christian Dior era un romántico empedernido y un amante incurable de la figura femenina. En su cabeza, su mujer era una sobreviviente de la guerra y una olvidadiza instantánea: pasada la catástrofe se aplicaba su labial y apretaba su cintura en un corsé, paradójicamente, su símbolo de libertad. Su necesidad natural era la de elevar a la mujer al arquetipo de diosa terrenal al enfundarle en sus maravillosas creaciones; defendía el turquesa pálido y el rosa como emblemas de femeneidad y con sus creaciones les quería acercar semánticamente con el regalo más hermoso de la naturaleza: las flores, su principal inspiración después de las curvas de una dama.

Transcribir esa pasión y ese amor por todos esos detalles delicados sólo podía funcionar con una mente escencialmente similar y John Galliano, su sucesor más brillante y recordado, entendía completamente la mente du Monsieur Dior y temporada tras temporada traducía los códigos con brillantez y con esa efervecencia que le caracterizó durante su estancia. Su investigación y su inmersión en la cabeza del fundador le llevó a crear colecciones basadas en los viajes que hizo a los lugares más exóticos del mundo, en la revoluciónes, en personajes históricos, en su jardín en Normandía y hasta en el jardín trasero de su casa de niño. El proceso creativo de John Galliano fue 100% integral basado indirectamente en la teoría del 'Método' y sus colecciones de alta costura no tendrán nunca comparación pues eran espectáculos que sublimaban a la mujer como nunca nadie lo ha hecho.

Raf Simons, en cambio, tiene un concepto de diseño totalmente distante al de Galliano y su comportamiento para con la casa ha sido mucho más reticente; claro, sólo ha tenido tres meses para preparar su colección pero se logró atestiguar inmediatamente la frialdad no sólo en el corte sino en el proceso creativo al ser más objetivo y su propuesta comercial al ser más efectiva para estos tiempos.

La mujer de Raf se acopla a la mujer déspota y feróz de hoy. De 54 pases, 11 son completamente negros, 18 si se cuentan los pantalones, piezas que de hecho, nunca habían sido presentadas en una colección de alta costura de la maison. La costumbre de tener vestidos opulentos e interminables se vió reducido a mini-vestidos que terminaban a la cintura; al igual que los maquillajes y peinados excesivos, como era de esperar por parte de Simons, resultaron muy sobrios. Todo fue austero, aún cuando un millón de flores forraban las paredes de la mansión dónde fue presentada la colección; flores que aunque refrescaban y romantizaban el escenario, eran ignoradas por las robóticas modelos que una vez se detenían a olerlas.

Simons cuenta que su efoque para con la casa es mezclar la historia con el futuro, readaptar no sólo la silueta sino la actitud y rediseñar la psicología haciéndole más acorde a los tiempos modernos. Su propuesta pretende ser menos teatral y más terrenal; su alta costura busca ser tocada en vez de ser idealizada como objeto voyeur y lo ha logrado. La mujer Dior de Raf Simons ha pasado de diosa terrenal a ser una fría mortal que camina entre flores pero que ignora la belleza las mismas.

De todas formas, no hay que perder las esperanzas ni hacer conclusiones apresuradas; esta es la primera colección de Simons y tal vez nos sorprendenda con las futuras; quizás sus damas se irán feminizando con el paso del tiempo y entenderá la fascinación de Monsieur Dior por las flores y su comparación verosímil con la mujer porque, hasta el momento, en la mente de Raf, no hay necesidad de parecerse a una flor en vida puesto que es realmente cuando mueres, que tu cuerpo se convierte en muchas.
 
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