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10.9.14



Desde que Anthony Vaccarello lanzó su primera colección oficial en el 2012, el mundillo de la moda fijó sus ojos sobre el diseñador belga de origen italiano y su refrescante propuesta excesivamente asimétrica y altamente sexual vestida por glamazonas cuyos cortes desnudaban espaldas, torsos y no sólo coqueteaban mostrando la pierna, sino que la agresividad era tal que el corte se elevaba hasta la pélvis.

La energía de Vaccarello, la frescura, el statement/declaración de su propia revolución sexual en un mundo que parece desdibujar la sexualidad y claramente el parecido con Versace, el de antaño, el de Gianni no dejó indiferente a Donatella Versace, querubín de la mítica casa italiana quién, luego de consultar con su equipo sobre quién podría ser un buen colaborador para Versus, la línea juvenil de Versace creada en 1989, todos coincidieron con que Vaccarello sería la apuesta perfecta para la línea que en su tiempos dorados fue un éxito con sus entallados vaqueros en los cuerpos de las supermodelos que aún siguen siendo doradas.

Aún cuando Donatella tenía a Anthony entre ceja y ceja, su elección era totalmente opuesta a los antiguos colaboradores de la línea dónde se distinguen Christopher Kane o J.W.Anderson, grandes precursores de moda creada digitalmente y hasta la cantante M.I.A autodenominada terrorista digital quién se aprovechó del 'boom' de los GIFs para promocionarle digitalmente en todas las redes posibles.

Vaccarello es entonces una cuota totalmente diferente pues, la concepción de sus piezas fue bajo un estilo clásico descrito por él mismo como lo fue trabajar con Donatella: “orgánico", pero con una fuerza en la limpieza de los cortes que harían que perduren más en el tiempo y mantendría su cuota digital, la de Versus al ser conseguidas a través de la internet. Donatella explica: “Es totalmente digital. Ahora, Versus tiene que alcanzar un nuevo tipo de tribu. Está la internet y es digital en el sentido de ‘Lo veo. Lo quiero ya’. Lo nuevo de todo esto es que puedes usarlo mañana”.

La sinergia entre Donatella y Anthony ha resultado tan provechosa y deslumbrante que se puede ver reflejada en la colección primavera/verano 2015 presentada el 7 de Septiembre; totalmente en blanco y negro con toques de dorados pero recargada en estampados rococco que reafirman y recuerdan la estética griega de la cual Gianni fijó su arquetipo de mujer. La nostalgia, esta vez positiva también hace parte de esta colección: El uso de imperdibles que recuerdan el -entonces descarado- vestido de seda que Elizabeth Hurley llevó en la premier de ‘Cuatro bodas y un funeral’ también Versace y que luego usó Lady Gaga hace un par de años, hasta la infame Nomi Malone en Showgirls con su vestido dos piezas y su ‘Momentum Verseis’ o hasta los vaporosos vestidos de seda que recuerdan a una colorida Jennifer Lopez paseándose por los Grammy dejando casi nada a la imaginación y a todos con la boca abierta.

Precisamente por el manejo clásicos de los cortes, del estampado, de los módulos griegos y su actitud rockera como filosofía más que género, regresamos al Versace transgresor de hace 3 décadas donde el peso del cuero es replanteado y presentado en un estilo tan novedoso, moderno y totalmente ligero y sexy que hace imposible no considerar a Versus como la mejor colección de lo que va de la primavera/verano 2015.

Mira la colección completa aquí [Style.com]

23.1.14



Hace un año y medio, reseñé la primera colección de Raf Simons como director creativo para la parisina casa Christian Dior - "Dior y las flores" - donde se analiza a forma de paralelo, el aporte del mismísimo Christian Dior al mundo de la moda; el exquisito, opulento y siempre magistral trabajo de John Galliano y su respeto para la casa y una predicción de lo que sería el trabajo de Raf en la maison a partir de la primera colección.  

He de aceptar que el paso de Raf por la casa ha sido de altos y bajos continuos. Su intención de decodificiar al ADN de la maison con el ánimo de establecer una estética de la mujer Dior no ha sido fácil, pero tiene entre cejas que es ese su objetivo. Palabras del diseñador: 

"La mujer Chanel? Nisiquiera necesito verla. La puedo oler a la vuelta de la esquina, pero no puedo reconocer a la mujer Dior. Quiero trabajar en eso rápido. Chanel tiene el deux-pièces (dos piezas) con los bolsillos, o el prendedor, pero qué es de Dior hoy en día? No podría decirlo." -Raf Simons

Por ende, la libertad creativa que se le está dando al diseñador es evidente. Hay un trabajo no sólo profesional sino personal para con la firma que aún no termina de condensarse para dar rienda suelta a su ya sabida genialidad en el oficio. Comenzando desde el set donde fue presentada su última colección Alta Costura Primavera Verano2014: una especie de iglú que si bien, su intención era generar un espacio más íntimo, pues en su mente las mujeres crean sociedades para ellas mismas, puede llegar a confundir pues, la mancuerna mujer-ropa, era precisamente una herramienta, una declaración de la mujer ante la sociedad en la cabeza de Monsieur Dior.

Raf Simons es  un genio de la psicología. De hecho, en ella ha basado su carrera. Desde su trabajo en su homónima firma, hasta Jill Sander y esta última colección para CD que resultó en abstracciones de patrones de la firma creando piezas según él, más íntimas, femeninas y suaves traicionando su uso por líneas rectas y dándole paso a figuras más ornamentales y etéreas sobretodo en los polka dots que, sobrepuestos generaban una especie de sensación de tridimensionalidad.

La impecabilidad en el uso de los materiales y procesos fue tal vez lo más interesante, dejando una vez más en alto su sentido de innovación al procesar la seda hasta lograr tal fineza que se hacía necesario el uso de capas que revestieran la figura, generando movimiento en sus prendas y aludiendo una vez más a la sensualidad que Simons, propone al plantearse qué habría hecho Monsieur Dior si hubiera seguido con su marca unos veinte o treinta años más.

Así de sencillo se puede resumir la colección que, según Simons, surgió a partir de ese cuestionamiento de cómo Monsieur Dior hubiera tomado la revolución sexual de los 60's justificando inmediatamente que su colección más que técnica y estética, fue psicológica. De la que él es experto.

Repasar la colección no es sino generar contradicciones con el producto final. Pues, cabe recordar que se trata de una colección de alta costura, que aún con la búsqueda de Raf en innovación de materiales, su desglose del ADN de la Maison, y que haya sido aceptada por la Cámara Sindical de la Costura Parisina no resulta dejando esa sensación de ver piezas de alta costura. Con esto no es volver a los archivos de John Galliano y la nostalgia de su extravagancia. No. Es una sensación total de lo que debería ser la exhalación de una técnica y dirección creativa en piezas de alta costura. 

La colección podría pasar a primeras como una colección prêt-à-porter, que es otra de las intenciones de Simons: llevar la alta costura a las calles, a la supuesta gente real y no a que terminen colgados en un museo como piezas escultóricas. Inicialmente suena como un argumento válido. El maestro Balenciaga lo hacía, Pierre Balmain también y Karl Lagerfeld lo sigue haciendo. Sus piezas que hoy expuestas, se pasearon las calles de París y Nueva York. Pero entre ellos y Simons hay una distancia abismal que no sólo se define en una palabra sino que define lo que carece esta era: romanticismo. 

El savoir faire de los diseñadores de alta costura de antes y de ahora suele ir ligado a un romanticismo, a un amor por la firma de la que -se puede considerar- son reyes, a una necesidad de enaltecer un vestido aún en su máxima expresión de sencillez, a un amor por la mujer, a un amor por el amor mismo y por su oficio y a una necesidad de establecer lo que será el futuro de sus colecciones o el documento de la era en la que están. De forma opulenta o no, pero rica en detalles por mínimos e imperceptibles… y bella.

Siendo así, la colección de alta costura de Simons para Christian Dior no es bella. No porque no es Galliano, no porque no es extravagante, ni parece difícil de vestir. Sencillamente porque carece de romanticismo, de sentimiento, de amor. 

Si la ropa es el espejo de una era, estamos muertos. Ya no hay emoción, ni pieles erizadas, ya no hay histeria al no comprender cómo un mortal pudo crear tanta perfección en un vestido que sí merece estar colgado en un museo. Ahora, en cambio, hay silencio. 
La vacuidad en cada pase, la sensación de frialdad; el iglú que intentaba representar intimidad, no es sino el corazón de Raf Simons; es la racionalidad triunfando ante el sentimiento. Es la moda de hoy: fría.


"Cuando el amor es la norma, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta." - Carl Jung

9.5.13

"Bueno me gustaría ver, algunos punks de verdad aquí, algunos punks verdaderos de la calle. Pero dudo que hayan sido invitados." - GC

Así define Grace Coddington y se resume lo que fue la tan anticipada celebración anual conocida como "La Gala del Met", llevada a cabo en el Metropolitan Museum of Art Costume Institute, que este año tuvo como temática "Punk: Del Caos a Alta Costura" en una exhibición que busca resaltar cómo el movimiento punk, ha influenciado el pret-à-porter hasta inspirar creaciones de alta costura durante más de tres décadas trazando un eje directo, entre el punk newyorkino con el británico y su impacto en la moda, presentando el origen en dos historias distintas: mientras que en NewYork fue un movimiento musical, en Londres fue un movimiento estético y la político.

La ocasión, idónea para la gala que reune moda, cine y música y que espera que sus invitados aprovecharan las libertades que la ideología ofrece, deslumbraran por el cinismo y la desfachatez de un movimiento que exalta la libertad trasladando en prendas su individualismo, sin importar lo que Anna Wintour pensase, resultó en lo habitual: un evento tedioso dónde la temática fue lo único acorde de la velada.

Ya pasó en temas como 'SuperHéroes' (2008), 'Savage Beauty' (2011) o 'Impossible Conversations' (2012), puntuales en su temática y punto de partida para que los invitados formaran parte del festín: haciendo homenaje a Alexander McQueen (la mayoría fueron de Stella McCartney ese año), canalizando su súper héroe favorito de niño ó simplemente yendo de Prada. Las galas resultaron en decepción, no sólo para los ansiosos espectadores, sino para la crítica misma que esperaba más esfuerzo por los presentes.

Éste año, las expectativas eran altas desde que se anunció la temática en Septiembre del año pasado: PUNK. Movimiento tan diversamente definido, que termina siendo una amalgama conceptual sin terminar de definirse como puramente ideológico o estético pero, que de las dos formas, permite una actitud por el que pensase o se vistiese como el movimiento lo dicta; haciendo un poco dificil precisar si la gala ha resultado un éxito estético u otra fiesta "it'" que en un mes será olvidada.

Para determinar el éxito o fracaso, habría que analizarle desde los dós ámbitos (ideológico y estético).
Como ideológico, todos los presentes que se pasearon en la alfombra roja son punks, todos; algunos tal vez en más grado que otros, con Vivienne Westwood (diseñadora precursora del Punk británico), Carinne Roitfeld (estilista), Linda Fargo (vitrinista), Zandra Rhodes (diseñadora) y hasta Anna Wintour (Vogue USA) por sus aportes ideológicos y el trabajo individual e individualista en el sector  de la moda. Si se determina como ideología, todos los asistentes son punks porque, nadie llega a la cima y se pasea sobre la alfombra del MET sin haber tenido una actitud punk individulista, de libertad, no conformista, de rebelión, de contracorriente y de hacer lo que siempre quiso que, en este caso sería "ser famoso". Debbie Harry de Blondie expone a Kanye West como uno de los punks más grandes del mundo por el infame salto al escenario durante el discurso de Taylor Swift en los MTV, mostrando el punk como actitud. Y si es así, fue una gala acertada.

Por otro lado, si se determina el punk como estética que traduce una actitud en un código de vestimenta -que en este caso se traslada a la alfombra roja-, sólo pocos fueron disfrazados.
Pagar 3mil dólares por un vestido punk es disfrazarse, sobretodo cuando la estética ha sido un mainstream creciente desde hace dos décadas; cada vez más edulcorado, adaptado comercialmente y tal vez más relevante que en los 80's. De hecho, la gala desde un inicio se tomó como una gran fiesta de disfraces. Kristen McMenamy (modelo) se refirió al evento como la antítesis del punk, alegando que el punk es rabia y es no pretender y tildó el evento como una fiesta de disfraces para el punk. Riccardo Tisci (diseñador), en cambio, dijo que "el punk no va en el look, sino en la personalidad" contradiciendo no sólo a McMenamy sino todo el propósito de la exhibición que exalta, expone y examina más de 100 vestidos de hombre y mujer pertenecientes a una estética visual.

Está claro que hoy en día, usar estoperoles (taches) no te hace punk, ni cuero, ni medias rotas. El punk está afuera quemando banderas y siendo anti-todo. Aplaudo silenciosamente el intento de algunos de hacer honor a la estética disfrazándose de punks pero el punk de hoy es un reducto de lo que fue, hasta para los más puristas. El de hoy es falso, es una idea de punk, es de Zara, es caos. Si colocarse una chaqueta de cuero de 2mil dólares sobre un vestido de 6mil es punk, nadie puede decir lo contrario.

La pretensión no es punk, lo dijo McMenamy pero, paradójicamente, al ser tan libre que pretendas ser algo que no eres, enerves a los que sí son y no te importe un comino es muy punk porque, mientras algunos lo hablan, otros lo viven.

15.4.13



El pasado viernes tuve la oportunidad de ser uno de los 17000 asistentes que disfrutaron del Festival Estereo Picnic en Bogotá, Colombia; evento que reune a artistas de talla internacional en dos escenarios que son disfrutados como su nombre: a modo de picnic.

Mi presencia en el evento fue en colaboración con una emergente marca de ropa que busca promocionarse y posicionarse en el mercado jóven. Mi asistencia allí -además de consultor de la marca- fue el de auxiliar de técnico de mercadeo dirigido, entiéndase, vendedor, lo que me pareció una oportunidad perfecta para interactuar con el público capitalino, entender y analizar un poco su psique y persona, considerando que soy relativamente nuevo en la ciudad. Para ello, cargué con papel y lápiz y mi infaltable cámara para registrar los atuendos, tantos de los que compraban las prendas, como aquellos que llamaran mi atención.

Debo confesar que estaba un poco predispuesto con el público que asistiría. Con el hipsterismo en auge ahora en Colombia, tendencia que va desapareciendo de las revistas y blogs, sabía que la cosa no iba a ser tan sorpresiva. Y sorpresa! No estaba equivocado. Fue desde que abrieron las puertas y la horda de asistentes corrían como en maratón para asegurar sus puestos cerca de la banda/artista que se presentaría, cómo noté la pérdida de identidad colombiana. Por un microsegundo, sentí que estaba en Europa; por otro microsegundo, sentí que estaba en Estados Unidos, pero no, precisamente, estaba en Colombia donde devorar tendencias es... tendencia.

Y cómo no? Si el Festival mismo promueve esta identidad ajena: era sólo acercarse al 'Hippie Market'  (¿qué tal el nombre?) donde, pequeñas y medianas empresas emergentes promovían sus productos en carpas que simulaban ferias gringas, con decorado de luces que llevan inmediatamente a algún pueblo de Estados Unidos, donde jugar a golpear la campana con un martillo y caminar comiendo algodón de azucar es una obligación.
El público asistente al concierto -que se acercaba por curiosidad o con propósitos comerciales al HippieMarket- si pudo en algún momento sentirse como un turista, se sentó como pez en el agua, fascinado con los objetos más extraños que se vendiesen, haciendo preguntas con un acento "snob" y utilizando palabras en inglés en expresiones o hasta en prendas mismas (tshirts, caps) que retumbaban en las carpas de feria gringa pues hablaban con una lentitud que sorprendían porque no coordinaba con su avidez mental: son conocedores de las tendencias de afuera; lo saben y compraban para ser los primeros en lucirlas allí mismo en el evento.

Sorprendido ante la multitud caza-tendencias, no me importó tomar una sola foto de algún atuendo.  ¿Para qué? Si habían cientos de fotógrafos haciendo 'street-styling' (???) a los presentes que de lejos sabían que habrían cámaras documentando a los más llamativos. Los fotógrafos se emocionaban cada que veían a alguien vestido "muy bizarro, muy internacional o en su defecto, muy europeo", palabras de un fotógrafo con el que tuve la oportunidad de hablar. De hecho, debo confesar que tenía intenciones de compartir las fotos que pensaba tomar del evento pero, una vez más, ¿para qué? si en TheSartorialist la llevan mejor. Y hasta en Coachella uno se lo cree más. Aquí sólo quedaron reductos de lo que hicieron las hermanas Olsen en el 2006: parecer brujas, vestidas de negro con faldas interminables y gafas gigantes, pero a modo de falsa insurgencia.

Al final me dediqué a disfrutar de los conciertos, que son la verdadera intención del evento y ciertamente no defraudaron. No hay foto de coolhunting pero sí de los conciertos (con iphone) para que vean lo cerca que estuve y se mueran de la envidia:


(Steve Aoki, Major Lazer y Crystal Castles)



18.2.13























Marc Jacobs no ha sido nunca santo de mi devoción pero, su última entrega para su homónima firma, ha sido el rayo de luz que nunca había avistado en alguna de sus colecciones.

Primero hay que reconocer que la colección no tiene nada nuevo. Por el contrario, ha resultado siendo un potpourrí y reminisencias de previas pero con una reinvención mucho más sofisticada, prolija y conceptual. Jacobs lo sabía y lo expresó —en pijamas—, explicando que sería "ropa simple".  Y efectivamente, Marc, sabe que en los tiempos en los que vivimos no se puede arriesgar a crear colecciones osadas y aguerridas porque no se está en condiciones, ni económicas ni climáticas para su disfrute como en otrora.

Su presentación, llevada a cabo el pasado jueves, se basaba en la instalación del artista danés Olafur Eliasson, "The Weather Project" disponiendo una enorme esfera que despedía una luz amarillenta, simulando ser el sol, sobre una pasarela en forma de plataforma circular también, mientras las clonadas modelos caminaban alrededor, como entes monocromáticos.

La luz —del Sol— fue el principal protagonista de esta maravillosa puesta en escena, no sólo por afectar a los invitados quienes, sin siquiera pensarlo, no se despojaron de sus oscuros lentes durante todo el show; además de sentirse incómodos por lo feo que la luz hacía verles: desde el color de sus pieles, hasta las sombras duras proyectadas sobre sus rostros sino por apropiarse de todo el recinto magnificando su poderío y matando cualquier color que osara desafiarle, haciendo difícil el reconocimiento cromático de algún pase.

No sé si Marc, con esto, buscaba hacer una declaración que tapara un poco la simpleza de sus prendas, pero ciertamente tenía como propósito la reflexión.

En la colección de Jacobs, el Sol —que no sólo hacía de protagonista sino de antagonista— obligaba a las modelos a desprenderse de sus prendas inferiores, haciéndolas caminar en la pasarela en minishorts que simulan ropa interior. Esta vez la intención de andar sin pantalones no era de control, poder o libertad, como pasó una vez con los pantalones del Señor Yves Saint Laurent, era completa necesidad.

Pero las necesidades no sólo físicas, sino emocionales hicieron que sus mujeres, afectadas por el inclemente sol, entraran en un estado de paranoia que les hacía cargar sus bolsos con fervor y con temor a que algo les suceda que lo apretaban contra su cuerpo, contradiciendo la indiferencia absoluta en la que estaban sumidas, pues prefieren vestir todo el día en pijamas ya que el calor soporífero es tal que sólo provoca pereza; sólo provoca dormir.

La mujer de Jacobs, la fiera New Yorkina de la jungla de concreto, heredera o esposa de magnate teme, no sólo del sol, ni de la moribunda tierra, sino de su economía pues va en declive cada vez más y su recorte no sólo en sus cuentas, sino también en sus prendas es cada vez más notoria. Las clases sociales cada vez se hacen más borrosas y el sol, iluminando por igual, diluye cualquier diferenciación. Por lo que ella tiene que pensar en sus bienes y a la par de sus maridos: seria y monocromática comienza a pensar como hombre y a reflejarlo en su apariencia, que si bien es masculina, no pierde su brillo ni femineidad.

Ellas son sobrevivientes. Sombrías y poderosas. No sólo son sobrevivientes de las crisis económicas, sino de la crisis climática: aunque les toque usar vestidos sintéticos, al final del día se enfundan en animales muertos, sea en estolas o abrigos; con ojos desorbitados de peluche o reales; a ellas no les importa, mientras sean pieles reales, ni que estén en vía de extinción porque ellas saben que en tiempos de crisis, sobrevive el la más fuerte.

4.1.13


Hace unos 18 años, la palabra 'troll' se hizo popular al referirse a un juguete que, gracias a su perturbadora anatomía híbrida (cuerpo de bebé eunuco y cara de anciano que sostenía un cabello enlongado y de colores), se convirtió en un éxito de masas siendo coleccionado por niños y adolescentes —que le cargaban hasta como aretes en una supuesta declaración de rebeldía— ayudando a marcar un precedente para la naciente generación 'rave' y los 'Club Kids' pues, adoraban la figura que sólo variaba su color de cabello; y le convertían, de paso, en uno de los emblemas más importante de los 90's.

Los tiempos han cambiado y la RAE que se actualiza con cada palabra que redefine su significado, le adjudica al 'troll' como aquel personaje cibernético que se encarga de mofar, molestar y desconcertar la tranquilidad de un foro o alguna comunidad donde se interactue por internet.

Troll. Monosilábica palabra cuya definición sonaría indefensa a primeras, está causando un cambio inconsciente, lento e indirecto en el raciocinio de todos nosotros debido a que nos está regresando lo que alguna vez pareció perdido: la libertad. Sí, por muy estúpida, contradictoria e imposible que suene esta premisa, nunca antes se había visto una revolución de pensamiento o de no pensamiento —ahora cibernética (hay que tener en cuenta que nuestra realidad es, irónicamente, la virtual)— tan precipitada y directa contra cualquier órden. Y si alguna vez este blog, criticó el atrevimiento de muchos por creerse autoridades, aún no compartiendo la actitud, le aplaude al mismo tiempo.

Las 'trolleadas' que comenzaron no precisamente en internet sino que han estado presentes durante toda la historia (en el arte, los 'fauvistas' por ejemplo o hasta el mismo Marcel Duchamp) luego toman una forma más estereotipada en personajes de televisión, aquellos que solían desconcertar al resto de personajes y al público mismo con frases ridículas o vestuarios estrambóticos desde los 90's, forjando lo que sería una actitud de libertad que, aún sin la proliferación de los computadores, se reflejaba en el vestir: un reducto de los 80's más simplificado pero más colorido (el neón entró en tanto furor que se apoderó hasta de los caparazones de los computadores Mac). Y de eso se trataba en ese entonces, de presentar ese respiro de libertad e indiferencia por el qué dirán y ''ser uno mismo'': tonto y ridículo en la labia y el vestir que es basicamente lo que nos define en el mundo superficial que vivimos.

Si los 60's 70's y 80's fueron décadas de revoluciones, los 90's eran de disfrute, de celebración de logros y la entrada a una nueva era, el disparo de las series de comedia y el color, excesivo y estridente color se apoderaba de la pantalla chica, la pantalla grande, los videos musicales, las alfombras rojas y las discotecas, entre esas las ravé. Los 90s significaban exceso y puterío pero al mismo tiempo, era una década donde el miedo mismo alimentaba esta actitud desaforada. El Y2K, segunda trollada más grande en la historia, logró meterse en la cabeza de casi todos los habitantes del planeta haciendo pensar que con la llegada del nuevo milenio, el mundo iba a entrar en un desastre informático de tal magnitud, que el caos provocaría el fin del mismo. Eso o que simplemente se iba a acabar. Punto. Entonces todos bailaban y celebraban como si no hubiera mañana. Cabe resaltar que aún cuando el medio dominante era la televisión, la interactividad no existia en gran parte y el miedo era inminente, bombardeados con millares de películas sobre el fin del mundo con caidas de meteoros y supuesta visita extraterrestre. Nadie quería irse sin haberse sentido libre.

El mundo no acabó. La humanidad sobrevivió pero un atentado un años después a la entrada del milenio, septiembre, le sumió en total miedo y oscuridad. La fiesta se acabó.

18 años después y dado que estamos en la época donde las tendencias se repiten; los trolls regresan, ya no en la televisión sino en formas 'reales', nosotros usuarios de internet; los comentarios ridículos ahora son en blogs, twitter, realities y tumblr y el desconcierto es el mismo, normalmente acompañado de un gif que represente la expresión facial. Lo maravilloso de todo es que ya comenzó a desbordarse de las líneas del internet y comenzó a reflejarse en la calle, haciendo de esta, ahora tendencia, un futuro fenómeno.

Y no, no se trata sólo de moda. Son muchísimos los factores y vicisitudes de un mundo 'progresista' las que van haciendo de esta pequeña bola de nieve, una avalancha trollera. La re-elección del presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, supone la entrada a cambios culturales gigantes que alimentarán la tendencia: la aceptación de género, legalización de la marihuana y del matrimonio gay traen consigo rupturas de tabú y una osadía que si bien desenfrenada, podría ser auténtica, palabra que ha perdido valor desde hace 13 años.

Esta vez el mundo ha abierto un poco más los ojos. Las tasas de catolicismo han bajando al igual que los suscriptores de Vogue. Ya nadie traga entero ni le tapan la boca con el dedo; estamos entrando a una era donde ser troll, ha permitido ser uno mismo, sin importar la opinión ajena (algún usuario tras un nickname). Se sobrevivió a el 21.12.12, tercera gran trolleada y no hay necesidad de sentir miedo ya; más allá del que quieren infundir los medios donde el internet, ahora predomina y debido a la libertad del cibernauta de elegir lo que lee, ha ido decreciendo ese temor y la humanidad tiene ganas de volver a bailar y dejar el luto.

Es un poco contradictorio. La moda nunca había sido tan aburrida, pero al tiempo es maravilloso porque es ''la moda'' que nos han metido en la cabeza la aburrida. Ahora hay cientos, miles de diseñadores independientes con ideas frescas y aunque no revolucionarias, deslumbrantes y desconcertantes (como lo fue Gareth Pugh hace un tiempo) trabajando y moviéndose a través de las redes sociales usando el color, frases atrevidas y una onda noventera engranadas para presentar sus piezas que resultan siendo una exquisitez estética. Por eso el resurgimiento de Jeremy Scott, antiguo protegido de Karl Lagerfeld, al ojo de la moda internacional con sus propuestas descabelladas y noventeras quien viste ahora a las que serán las promesas de esta nueva década: Azealia Banks, Justin Bieber (...) y el grupo pop 2EN1. Sus desfiles que fueron una vez olvidados, vuelven a ser sensación y Style los coloca en su página principal. Por relevante en tendencia.

Los trolls dominan ahora la moda. El reinado de Vogue va en picada aunque muchos lo nieguen y afirmen que se mantiene como pilar de tendencia y árbitro de estilo. La moda, la verdadera está en las calles y sale de internet o ingresa a ella en algún blog de coolhunting. El ''qué dirán'' que obnubilaba nuestro pensamiento va desapareciendo en forma meteórica. Ya casi nadie se toma, ni intenta tomar las cosas en serio porque ¿para qué? vivimos en una era donde ser serio, tal vez ese sea el único temor ahora; parecer serios en twitter o tumblr nos daría menos seguidores, ser serios en facebook nos haría ver trascendentales y dramáticos. Son ahora los que llevan una vida ''normal'' los que pueden llegar a desconcertar mientras que la vida alternativa, se hace cada vez más ordinaria.

21.8.12



El 7 de Agosto, la muerte tocó la puerta de Anna Piaggi quién, despojada de sus extrafalarios atuendos, se encontraba en la soledad de su calurosa casa italiana. Con su partida, muchos declaran que ha muerto, en definitiva, la moda.

Si Anna Piaggi hubiera vivido en Colombia  o en algún país de LatinoAmerica y se paseara por sus calles, probablemente sería confundida como una anciana con demencia senil: perdida entre los edificios, mirando al cielo, vestida en harapos pintorescos que luciría con orgullo ante los condescendientes transeúntes; como si en su cabeza, su persona fuera un personaje histórico de la realeza; pensamiento que se contradeciría, con un rostro maquillado de forma tan ingenua, que sólo reflejaría la candidez de una ávida mente infantil.

A cualquier europeo le pudo haber pasado lo mismo si se la encontrase en la calle ataviada en sus enormes trapos siempre coloridos, sosteniendo su característico bastón y desconociera su persona: ''una viejita loca'' u ''otra excéntrica más'', dirían; ignorando que en realidad, Anna Piaggi sí era de la realeza, al menos en el mundo la moda y para ella misma, considerándose ''un nuevo tipo de reina'' enamorada del poder y estilo que posee la ropa la que ella vestía para ser más precisos. No era de sangre azul, pero su característico mechón, de ése color, que solía cubrir el ojo inquisitivo y pintorreteado con el que juzgaba las colecciones de los diseñadores nos hacía pensar que sí. Su asistencia en algún desfile, se convertía en aceptación inmediata del diseñador al celoso círculo puesto que, era su presencia, la que representaba la consagración del creador. Su colaboración con la revista 'Vogue Italia' desde los 80's, donde analizaba y enseñaba los orígenes de las colecciones de cada temporada en su exclusiva 'doppie pagine' (doble página), se convertiría en un régimen imprescindible con cada edición al igual que las colaboraciones editoriales con grandes diseñadores, entre esos, Karl Lagerlfeld, su gran amigo y confidente y Manolo Blahnik con quién mantuvo una estrecha amistad y le describió como ''la única autoridad en vestido que quedaba en el mundo'' dejando claro, su poderío e influencia inherente e irrevocable en el mundo de la moda.

Muchos ignoraban esto. Muchos. Entre esos, los auto-proclamados ''fashionistas'' ignoraban todo el legado de esta irreverente mujer que una vez cortó su cabello para hacer de su cabeza, un lienzo para el sombrerero, Stephen Jones, alegando que ''los sombreros son como halos de felicidad''; accesorios que usó, hasta sus últimos días. Muchos ignoraron también que a Anna le han dedicado exhibiciones retrospectivas presentando más de 2500 prendas que tenía en su haber. Muchos lo ignoraron porque su legado, más allá de su vestir, no era muy conocido. Aunque para nadie que recorriera las páginas de una revista o las páginas de moda en internet, la graciosa cara de Piaggi resultaba extraña, pues estaba en todas los eventos y desfiles de cabecera, para muchos, resultaba siendo aquella anciana con demencia senil de rubor naranja que, gracias a su nombre y lo que hizo en otrora, mantuvo acceso a cualquier desfile que deseara asistir.

Y era muy fácil asumirlo. Junto a Diana Vreeland e Isabella Blow, no se conocía a otra mujer tan auténticamente excesiva en su totalidad como lo fue Anna Piaggi y aún cuando el adjetivo ''llamativo'' se queda corto ante ella cuya naturaleza fue siempre ser superficial su persona no lo parecía ser tanto. Era de hecho, todo lo contrario: se le veía sólo en eventos de renombre; ofrecía entrevistas cuando lo consideraba necesario, no se manejaba en redes sociales y parecía una detractora del fenómeno informático pues hasta su muerte, le fue fiel a su máquina de escribir Olivetti de color rojo carmesí. Alejada abismalmente del resto de editores quienes parecen inmersos en las nuevas tecnologías y hambrientos de seguidores, Piaggi era entonces, una total desconocida. Poderosa, sí, pero desconocida y olvidada por los emergentes adeptos al fenómeno fashion. Ó al menos lo fue, hasta su deceso.

Stefano Gabbana fue el primero en anunciar la muerte de la editora, vía 'Twitter' y fue entonces cuando el mundo volcó los ojos ante la magnificencia que representaba Piaggi. Las condolencias no cesaron por parte de los que la conocían y los fashionistas a la par que de seguro poco saben de ella lloraron entre silenciosos caracteres su partida, pero agradecían sus contribuciones al mundo; todos ignorando en realidad, la tristeza que rodeó su muerte.

Anna Piaggi murió en la soledad de su casa en Milán el 7 de Agosto, a causa de un paro cardíaco, probablemente por el excesivo calor que hacía en la ciudad (uno de los veranos más calientes de Italia) un día después de haber rechazado la invitación de su hermano, a irse de vacaciones con él y su familia por no sentirse bien. Fue encontrada por su asistente después de haber tocado insistentemente y, al no recibir respuesta, se vió en la necesidad de llamar a la policía quien forzando la cerradura, encontró a Piaggi tirada en el suelo. Al no presentar signos vitales, no hubo necesidad de llamar una ambulancia. Anna Piaggi había muerto.

Un pequeño servicio funeral fue llevado a cabo el jueves. Alrededor de 90 personas asistieron, entre ellos miembros de la familia, unos cuantos periodistas y personas que vivían cerca y le conocían. Ningún diseñador, nisiquiera italiano, estuvo presente pues eran vacaciones y todos parecían estar ocupados. Por eso nada se comenta del funeral; ni figura en internet donde las imágenes se habrían filtrado en segundos— ni se muestra nada en los medios impresos porque, nadie que valiera la pena para plasmar en una revista, fue a darle el último adiós. Las despedidas se hicieron via twitter que es como parece enmendarse todo hoy en día y dejándola sola, perdida entre sus trapos y con sus ojos pintorreteados, esta vez cerrados y apuntando al cielo azul como su cabello, Anna fue ignorada como se ingoraría a una anciana con demencial senil: con una sonrisa lastimera.
 
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